Falta de previsión en el Sur del Jíbaro

Mala planificación trae consigo desfase de las siembras de frío, demora en la entrada de insumos para las cosechadoras, lo cual, junto a los avatares de la industria, disparan las tensiones en la arrocera espirituana e incluso pudieran poner en peligro parte de su producción

JUAN ANTONIO BORREGO

Una parte no despreciable de la cosecha del Complejo Agroindustrial Arrocero Sur del Jíbaro, del municipio espirituano de La Sierpe, pudiera quedar trabada en la barriga de un embudo o incluso perderse, si los hombres encargados de asumir todo el proceso —desde la terraza hasta el Ministerio de la Agricultura— no actúan con la rapidez y precisión de un ajedrecista.

Foto: Vicente BritoSegún los volúmenes a cosechar, Sancti Spíritus demanda de 42 combinadas para la segunda quincena de julio.

El cuello de botella que ahora los pone en una encrucijada —lo que los arroceros llaman "el pico" o sencillamente la existencia de una producción que en determinado momento pudiera superar la capacidad de la maquinaria recolectora o la industria del secado—, se presagiaba desde hace meses, particularmente desde que el CAI se vio precisado a desplazar el grueso de sus siembras de noviembre y diciembre para el primer trimestre del 2011.

Orlando Linares, director general de la mayor y más importante empresa agrícola de Sancti Spíritus y la segunda arrocera del país por sus volúmenes de producción, no niega que por estos días su gente ande "como tres en un zapato" por las tensiones que afronta el complejo.

DE UN AÑO PARA OTRO

Según consta en los modelos estadísticos del Sur del Jíbaro, durante los últimos dos meses del 2010 la empresa dejó de recibir 156 000 litros del combustible que había demandado para toda su actividad productiva en ese periodo, déficit que los obligó a priorizar la cosecha, las atenciones culturales y las actividades más comprometidas.

De esta manera —explica Linares—, de un plan de 8 647 hectáreas para esos dos meses, apenas se plantaron 3 418, y el resto pasó para los primeros tres meses del 2011, cuando sí se garantizó el petróleo planificado.

La concentración del grueso de las siembras de frío a inicios de año complica la cosecha; sin embargo, el director general reconoce que el pico se produce por la no llegada a tiempo de las piezas y componentes necesarios para reparar una parte de las combinadas con las que cuentan.

"Si se hubiera sembrado lo planificado en noviembre y diciembre y no hubieran entrado las piezas, el pico se habría formado de todas formas, pero en otro momento."

¿Esta situación no pudo haberse previsto?, indaga Granma:

"Cuando montamos el plan, se pensó sobre la base de la capacidad de nuestra maquinaria y de nuestra industria, nosotros sí tenemos capacidad instalada para recoger y procesar lo sembrado, pero han faltado los aseguramientos para alistar un grupo significativo de combinadas, a lo cual le estamos buscando una salida. Ya para lo que concierne a este mes, tenemos una solución", precisa Linares.

Tras la respuesta del directivo, aún es válida la pregunta: ¿Esta situación no pudo haberse previsto... ?

En las estrategias de defensa de nuestro país, se nos ha enseñado a pensar en el peor escenario posible, y a planificar acciones en consecuencia. Parece ser que nos ha cogido tarde para aquilatar, de una vez y por todas, la actividad de producción de alimentos como una tarea más de seguridad nacional, y así, prestarle todo el rigor a prever cuanto pueda afectarla.

LA COSECHA SE TENSA

Para poder responder a los crecientes volúmenes de maduración que vienen catalizando los aguaceros de las últimas jornadas, Ricardo Hernández Rodríguez, el director de maquinaria en el complejo espirituano, quisiera que en el Sur del Jíbaro los meses duraran 35 días, para ganar tiempo de maniobra.

Sancti Spíritus dispone de un parque de 48 combinadas —36 en el sector estatal y 12 en el cooperativo y campesino—, de las cuales se encuentran activas 21, con perspectivas de sumar próximamente otras tres, lo que representaría solo la mitad del total, justamente cuando la cosecha comienza a ponerse como cuerda de guitarra.

El resto espera en los talleres por sistemas de rodaje (esteras), correas, equipos de inyección, bombas hidráulicas, rodamientos diversos y otros componentes, que se prevé ingresen al país en un lapso de 10 a 15 días.

En auxilio del parque provincial se han sumado en las últimas semanas tres máquinas de Villa Clara, dos de Ciego de Ávila, dos de Cienfuegos y dos de Matanzas, que pueden ayudar a salvar el juego en el corriente mes de junio, cuando está planificada la recolección de 18 800 toneladas de arroz húmedo.

"Hasta ahora no tenemos producción fuera de parámetros —dice Ricardo, calculadora en mano—, más bien hemos estado a la espera de la maduración y ya para este mes de junio tenemos "el muñequito armado", pero julio es otra cosa, sobre todo a partir de la segunda quincena.

"El mes que viene demanda 42 combinadas, porque son 24 148 toneladas a recolectar; es decir, que por mucho esfuerzo que haga nuestra gente, como lo ha hecho hasta ahora, si no entran las piezas que esperamos, no podemos con la cosecha, eso sin contar lo que pudiera complicarnos la lluvia", concluye.

¡Demasiados recursos invertidos pendiendo de finas hebras!

PARADA EN LA INDUSTRIA

Junto a una carreta de arroz cargada hasta la punta de las estacas, Rodobaldo Rodríguez, administrador del secadero Los Españoles y trabajador de la industria arrocera por 36 años, reconoce que sus tres plantas quedaron como nuevas después de la reparación de este año. "Solo me preocupan las interrupciones eléctricas, lo demás está asegurado", dice.

Sur del Jíbaro cuenta con una infraestructura industrial dotada de ocho secaderos, de los cuales apenas cinco se encuentran activos por lo que urge agilizar las reparaciones con vistas a recuperar los restantes, propósito que según Orlando Linares puede lograrse en el transcurso de junio.

De consumarse los trabajos que hoy se ejecutan en Las Nuevas, el más adelantado, en el Ángel Montejo y en el llamado IMAD, de Los Tamarindos, más complicado tras diez años de inactividad, el complejo podría aproximarse a su capacidad de secado —962 toneladas diarias—, suficiente para asimilar los volúmenes de corte que se avecinan.

Ya secas, unas 19 000 toneladas esperan en estos momentos por la molinería, actividad que se adelantó de julio para junio en aras de no comprometer la capacidad de almacenamiento, que como ilustra el propio Linares, en estos momentos está "bola y corredor".

MORALEJA PARA TODOS LOS TIEMPOS

En un año en el que el Sur del Jíbaro pretende duplicar sus entregas, tras la depresión del 2010 por falta de agua en la presa Zaza, y cuando los precios de los alimentos parecen tocar el cielo, el arte de preverlo todo a cualquier nivel, respetar la planificación y los compromisos y evitar el riesgo de la peripecia no constituye una moraleja circunstancial.

La alerta vale mucho más cuando se trata de un producto como el arroz que pesa de manera decisiva en nuestra factura importadora y para el cual el país viene destinando cuantiosos recursos, siempre bajo la premisa de que resulta más factible producirlo en nuestras tierras que comprarlo en el exterior, razones más que suficientes para desterrar improvisaciones.

 

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