Veinticinco
años después de aquella noche (o noches) de revelaciones en el cine
Chaplin, regresa Sandrine Bonnaire con Sin techo ni ley, la
película de Agnés Varda que la diera a conocer por lo grande a los
espectadores cubanos en el año 1986.
La actriz ––que ahora recibe un homenaje en el XIV Festival de
cine francés en Cuba–– ya tenía cuatro largometrajes a su haber e
incluso había sido premiada siendo una adolescente antes de
convertirse en la muchachita vagabunda de la Varda. Pero fue a
partir de aquellas exhibiciones en el Chaplin que los amantes de la
pantalla comenzaron a buscarla e hicieron de ella una favorita en
ese cine francés que, entre sus muchos méritos, tiene el de ser el
más pujante en Europa frente a las pretensiones de tragárselo todo
de la mercadería de Hollywood.
Hay películas y actuaciones que marcan y Sin techo ni ley,
que le reportó a Agnés Varda el León de Oro y otros premios en
Venecia, y a la Bonnaire un César, dejó una huella a partir de la
identificación artística lograda por la realizadora y la actriz para
transmitir la historia de una joven que, tratando de vivir el mito
de la libertad total, se convierte en un ser desprejuiciado errando
por los campos helados del sur de Francia.
Sin techo ni ley se verá nuevamente en estos días de homenaje
a la actriz y los espectadores podrán comprobar cómo ha vencido la
prueba del tiempo e, incluso, los destellos del llamado cine
verité, del que la autora había sido una maestra en obras
anteriores, continúan desempeñando un papel importante dentro de la
sobriedad narrativa en que fue concebida la dura historia.
De las seis cintas programadas en homenaje a la Bonnaire, destaca
su debut en el cine en 1983, siendo una adolescente, en A
nuestros amores, dirigida por Maurice Pialat, película que le
valió un César a la actriz revelación y en la que desempeña el papel
de una muchacha enganchada en una cadena de amores incontenibles.
Sandrine Bonnaire tiene una filmografía de más de cuarenta
títulos junto a importantes directores y actores, y en lo que
constituye su debut detrás de las cámaras se exhibirá el
largometraje documental Ella se llama Sabine, una sensible
aproximación a su hermana menor que sufre de autismo.
A destacar también en este homenaje, La ceremonia (1995),
del inefable Claude Chabrol, Mademoiselle ––deliciosa
historia de una madre de familia que en veinticuatro horas se
enamora perdidamente de un payaso–– y el estreno en nuestro país que
trae Carolina Bottaro, Juega la reina (2009) acerca de una
tranquila mujer que un buen día encuentra en el ajedrez una vía para
abrirse a nuevos mundos.