WASHINGTON.— Luego de diez años sin presentarse en el escenario
del Kennedy Center de Washington, el·Ballet Nacional de Cuba·regresó
a este majestuoso teatro para iniciar una gira por los Estados
Unidos que lo llevará también a Nueva York y Los Ángeles.
Hasta el espacio denominado standing room o "sitio de pie"
estaba ocupado, al igual que los más de 2 500 asientos, y desde el
inicio la habitualmente gélida audiencia irrumpió con aplausos y
gritos de "bravo" en las actuaciones de nuestra compañía con La
magia de la danza. La escena del segundo acto de·Giselle·contó
con Anette Delgado y Dani Hernández como protagonistas, ella
poseedora del espíritu fantasmal que el personaje reclama y él,
solícito y certero partenaire, seguro y elegante. Yanela Piñera y
Alfredo Ibáñez fueron la princesa Aurora y el príncipe Desireé en el
grand pas de deux de·La bella durmiente del bosque,
versión que sorprendió al público por el estilo y las dificultades
técnicas mostradas, infrecuentes en otras compañías, sin·abandonar
los principios estilísticos del tradicional ballet del siglo XIX: la
Piñera resultó deslumbrante mientras Ibáñez realizó un trabajo
encomiable. Para finalizar la primera parte, las notas del conocido
Vals de las flores de Chaikovsky anunciaron la llegada de
Cascanueces, con una Bárbara García en pleno dominio del
personaje y de la técnica académica y un Ernesto Álvarez brillante
en sus baterías.
Fragmentos de·Coppelia·abrieron la performance luego del
intermedio, teniendo a la joven y prometedora Grettel Morejón como
Swanilda —muy aplaudida en su exacta variación— y a Osiel Gounod,
quien provocó una verdadera tormenta de aplausos por su espectacular
virtuosismo técnico, que ambos matizaron con·una actuación fresca y
juvenil. Siguió·Don Quijote, con Amaya Rodríguez y José
Losada como Mercedes y Espada, y Viengsay Valdés y Alejandro
Virrelles como Kitry y Basilio. La Valdés tuvo, nuevamente, una
noche de lujo, mientras su compañero fue muy celebrado por sus
hermosos pies y sus giros impecables.
Sadaise Arencibia y Arián Molina desplegaron todo el lirismo y la
elegancia requeridos para el adagio de El lago de los cisnes,
otra muestra de la diversidad estilística que el ballet posee y que
refrenda su magia.
Al final, luego del sabor a trópico del último movimiento de
Sinfonía de Gottschalk, todo el Kennedy Center puesto de pie no
reparó en vítores, acrecentados ante la presencia de quien es la
gran artífice de todo este mágico instante:·Alicia Alonso.
A la función asistieron personalidades de la danza en la capital
estadounidense como Septime Webre, director del Washington Ballet,
así como Jorge Bolaños Suárez, Jefe de la Sección de Intereses de
Cuba en este país, quienes saludaron a la compañía en la escena
luego de terminada la función.
Las actuaciones del Ballet Nacional de Cuba —que incluyen además
la versión íntegra de·Don Quijote— culminan en Washington mañana
domingo.