A
simple vista, nada extraordinario encierra la foto de este niño, en
lo alto, sorteando muros, árboles y pelos de alambre.
El incalculable riesgo contenido en esa imagen, sin embargo, se
repite todo el año, a lo largo y ancho del Archipiélago cubano,
entre adolescentes que suben a placas y azoteas para alcanzar una
fruta, poner en vuelo una paloma, empinar un papalote...
Lo tristemente "curioso" es que casi siempre esas "aventuras"
transcurren a escondidas, sin el conocimiento y aprobación de los
padres o fuera del alcance de otros adultos que también podemos
intervenir a tiempo para evitar dolorosos accidentes y no siempre lo
hacemos.