Evocar
a Lázaro Peña es tener presente a un batallador incansable. Sobre
ello recuerdan hoy a Granma testigos de ese quehacer
cotidiano:
Francisco Travieso Damas, quien fue por varios años secretario de
organización de la CTC nacional, y trabajó muy ligado a Lázaro en
los preparativos del XIII Congreso de la CTC.
"En 1964 empecé a trabajar con él en la CTC y desde entonces rara
vez lo vi en la oficina detrás de un buró. Siempre se mantuvo en
contacto con los obreros, y siempre para ellos tuvo una respuesta.
Para mí Lázaro fue un maestro", afirma el antiguo dirigente
sindical.
Se caracterizaba por ser exigente, con buenos métodos,
persuasivo, y al mismo tiempo muy humano, dice Travieso.
Luis Martell Rosa, secretario general del Sindicato Azucarero y
miembro del Secretariado Nacional de la CTC en aquel entonces, lo
recuerda echándole el brazo encima y preguntándole por la familia.
"Los aportes de Lázaro al XIII Congreso Nacional de la CTC fueron
fundamentales, sobre todo en la elaboración de las tesis que
prepararon al movimiento sindical para una etapa superior en la
construcción socialista", rememora el también presidente de la
comisión organizadora del evento.
Martell confiesa no haber conocido "un dirigente obrero de su
dimensión. Con él aprendí a dirigir a los trabajadores y me enseñó
que la paciencia constituye una de las mejores armas en el debate".
Hubiera sido un privilegio tenerlo hasta hoy entre nosotros, remarca
Martell, y asegura que en estos tiempos "hacen falta muchos Lázaro".
También José Jesús Linares Valdés estuvo entre los dirigentes
sindicales que compartieron el largo batallar de Lázaro en defensa
de la clase obrera. "De hombres como él no se puede hablar en pasado
ni decir que no están, cuando su presencia se palpa cada día en la
obra de todos", asegura Linares, quien fuera miembro del
Secretariado y secretario general del Sindicato de la Industria
Alimentaria en esa época.
"Siempre he pensado que bastan tres palabras para caracterizar al
hombre que fue Lázaro: sencillez, modestia y firmeza. Precisamente
esas cualidades y no otras lo convirtieron en líder de la clase
obrera."
Y así Linares relata a Granma sobre la frecuencia con que
abordaban al querido dirigente sindical en plena calle para
plantearle cualquier problema; y de sus visitas a las fábricas o al
surco sin avisar.
Para Alfredo Suárez Quintela, quien fue secretario general del
Sindicato del Transporte y miembro del Secretariado Nacional de la
CTC, caracterizar a Lázaro Peña no es sencillo. Basta con darle una
hojeada a los tiempos en que escribió el libro El Lázaro Peña que
yo conocí, que para él fue una tarea realmente difícil.
La sonrisa que nos dejó, la mano siempre presta al saludo, los
dicharachos; su paciencia y respeto; su capacidad para analizar,
orientar y convencer¼ , son algunas facetas de su rica trayectoria
vital que muestran, elocuentemente, quién fue uno de los más
preclaros y prestigiosos dirigentes en la historia del movimiento
sindical cubano.
Al conmemorarse el centenario de su nacimiento, constituye un
deber para todos y cada uno de nosotros evocarlo como maestro y guía
indiscutible de nuestra clase obrera, dice Suárez Quintela.
Así recuerdan a Lázaro quienes tuvieron el privilegio de
conocerlo y lo describen como un hombre tenaz, con un profundo amor
por el trabajo y de una entrega absoluta al cumplimiento del deber.
De carácter fuerte, pero alegre, humano, sencillo, caballeroso,
persuasivo y afable.
Por todo ello y más, el gran líder del proletariado no
desapareció con su muerte, como dijera Fidel el día de sus
funerales: "¼ no venimos propiamente a enterrar un muerto, venimos a
depositar una semilla".