Cuatro Lagos, cuatro bailarinas: Viengsay Valdés y Bárbara
García, y las juveniles Yanela Piñera (debut en Cuba) y Amaya
Rodríguez (debut absoluto) ocuparon las posiciones de Odette-Odile,
en la escena, junto a otros noveles bailarines que comenzaron a dar
sus primeros pasos como su compañero de "aventuras dancísticas", en
el príncipe Sigfrido. Cada función demostró el talento conjugado en
una sola voluntad y la muestra de la diversidad dentro de la unidad
de una Escuela.
Viengsay Valdés cerró la larga temporada el domingo. Su Odette,
madura y plena, convenció al auditorio; más que un ser humano,
constituyó una emoción de intenso lirismo que tuvo su éxtasis en el
adagio. No hubo estridencias, y estuvo segura de principio a fin. En
la coda del pas de deux expuso sus mejores "armas". Luego de
la serie de 32 fouettés, muy bien ejecutada, levantó la
temperatura de la sala con unos piqués vertiginosos.
El estilo, la ejecución casi impecable, la interpretación siempre
a flor de piel caracterizaron el quehacer escénico de Bárbara
García. La bailarina fue tejiendo, como una filigrana, una Odette
trabajada hasta la perfección, y parecía bailar la angustia del
hechizo, mostrándonos la coherencia de su desarrollo artístico. Su
Odile, soberbia, fue trabajada desde adentro.
La bailarina principal, Amaya Rodríguez, puede sentirse
estimulada luego de su debut en el doble papel de Odette-Odile. Al
margen de la halagüeña acogida —o por ella misma— debe abrir una
etapa de arduo estudio y perfeccionamiento del personaje. Ella tiene
de todo: giros, extensiones, saltos, y se observaron los resultados
de la intensa labor de preparación, amén de evidenciar, a lo largo
del espectáculo, que está armada de la apoyatura técnica requerida
para el papel.
Para la destacada primera bailarina Yanela Piñera no fue su mejor
noche el debut en Cuba. Eso pasa a veces. Es una artista de enormes
condiciones técnicas —y lo ha demostrado a lo largo de su tiempo—
primero como estudiante y luego en las filas del BNC, donde ha
dejado muy gratas huellas. Pero, los nervios, quizá, le jugaron una
mala pasada. Tuvo instantes altos, sobre todo en el tercer acto
(adagio y variación), pero, en términos generales, debe revisar el
concepto de su personaje, de principio a fin, tratar de hacer un
cisne blanco acorde a su personalidad, quizá más sanguíneo/nervioso,
y no lírico como otras realizan. Y debe insistir sobre el port de
bras, todo lo que es trabajo de brazos y manos. Ella tiene
condiciones de sobra para llegar a ser una gran Odette-Odile. El
tiempo hablará.