Cuatro Odette-Odile

TONI PIÑERA

La última semana de las presentaciones de El lago de los cisnes, por el Ballet Nacional de Cuba, constituyó una muestra de la capacidad de conjugar tradición y renovación en la compañía que dirige Alicia Alonso.

Foto: Nancy ReyesBárbara García y Yanier Gómez en El lago de los cisnes.

Cuatro Lagos, cuatro bailarinas: Viengsay Valdés y Bárbara García, y las juveniles Yanela Piñera (debut en Cuba) y Amaya Rodríguez (debut absoluto) ocuparon las posiciones de Odette-Odile, en la escena, junto a otros noveles bailarines que comenzaron a dar sus primeros pasos como su compañero de "aventuras dancísticas", en el príncipe Sigfrido. Cada función demostró el talento conjugado en una sola voluntad y la muestra de la diversidad dentro de la unidad de una Escuela.

Viengsay Valdés cerró la larga temporada el domingo. Su Odette, madura y plena, convenció al auditorio; más que un ser humano, constituyó una emoción de intenso lirismo que tuvo su éxtasis en el adagio. No hubo estridencias, y estuvo segura de principio a fin. En la coda del pas de deux expuso sus mejores "armas". Luego de la serie de 32 fouettés, muy bien ejecutada, levantó la temperatura de la sala con unos piqués vertiginosos.

El estilo, la ejecución casi impecable, la interpretación siempre a flor de piel caracterizaron el quehacer escénico de Bárbara García. La bailarina fue tejiendo, como una filigrana, una Odette trabajada hasta la perfección, y parecía bailar la angustia del hechizo, mostrándonos la coherencia de su desarrollo artístico. Su Odile, soberbia, fue trabajada desde adentro.

La bailarina principal, Amaya Rodríguez, puede sentirse estimulada luego de su debut en el doble papel de Odette-Odile. Al margen de la halagüeña acogida —o por ella misma— debe abrir una etapa de arduo estudio y perfeccionamiento del personaje. Ella tiene de todo: giros, extensiones, saltos, y se observaron los resultados de la intensa labor de preparación, amén de evidenciar, a lo largo del espectáculo, que está armada de la apoyatura técnica requerida para el papel.

Para la destacada primera bailarina Yanela Piñera no fue su mejor noche el debut en Cuba. Eso pasa a veces. Es una artista de enormes condiciones técnicas —y lo ha demostrado a lo largo de su tiempo— primero como estudiante y luego en las filas del BNC, donde ha dejado muy gratas huellas. Pero, los nervios, quizá, le jugaron una mala pasada. Tuvo instantes altos, sobre todo en el tercer acto (adagio y variación), pero, en términos generales, debe revisar el concepto de su personaje, de principio a fin, tratar de hacer un cisne blanco acorde a su personalidad, quizá más sanguíneo/nervioso, y no lírico como otras realizan. Y debe insistir sobre el port de bras, todo lo que es trabajo de brazos y manos. Ella tiene condiciones de sobra para llegar a ser una gran Odette-Odile. El tiempo hablará.

 

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