De
forma lenta pero ascendente, Las Tunas continúa incrementando el
área cubierta por bosques.
Estadísticas ofrecidas por especialistas del Ministerio de
Ciencia Tecnología y Medio Ambiente en el territorio (CITMA)
consignan hoy un 14,54 % de superficie ocupada por la floresta.
Aunque esa proporción es una de las más bajas en todo el
Archipiélago, para los tuneros emerge como la cota más elevada en el
último medio siglo.
Para alcanzar ese nivel, muy lejano aún de lo que pretende el
país, Las Tunas ha tenido que enfrentar efectos reales y muy
concretos del cambio climático sobre el entorno provincial, entre
los que puntean el recurrente y cada vez más intenso impacto de la
sequía, las altas temperaturas, los fuertes vientos o el azote de
huracanes, como el Ike, cuyo golpe sobre la flora fue brutal.
No obstante, los tuneros deben estar conscientes de que, en medio
de tales adversidades naturales, se pudo haber avanzado mejor, sobre
la base de una acción más eficaz desde el punto de vista
organizativo y humano.
Por diversas razones, todavía el 40 % de supervivencia que
refieren los representantes del CITMA con respecto a lo plantado es
demasiado bajo, si de verdad se pretende incrementar el color verde
sobre la piel geográfica del territorio.
La evidencia de lo anterior está en que, comparativamente, las
fincas forestales mantienen índices de supervivencia muy superiores
a otras áreas, lo que denota siembras más cuidadas, mejor disciplina
tecnológica, correcta labor de limpia, no existencia de maratones,
seguimiento permanente a lo plantado¼
Por cierto, tampoco es descollante el interés forestal entre
quienes acuden a solicitar tierras para ponerlas a producir en
usufructo.
La realidad indica que en el empeño por proteger y ampliar el
área boscosa, sigue siendo insuficiente también el enfrentamiento a
las causas que originan incendios forestales: cuyas consecuencias
son cada vez más lesivas para la economía, para los ecosistemas y
para el medio ambiente en general.
Todo ello, la necesaria conciencia y la cultura que deben
prevalecer, no caen del cielo; demandan planificación, organización,
control, exigencia, supervisión constante e integración, en el
contexto de una estrategia que permita sentar bases sólidas en cada
lugar. De otro modo, se tornarían difíciles las acciones para elevar
la superficie cubierta por bosques naturales y plantaciones
boscosas, de aproximadamente una cuarta parte del territorio
nacional.