El jefe del Grupo Nacional de Geriatría y Gerontología del
Ministerio de Salud Pública, profesor Miguel Valdés Mier, dictó ayer
en La Habana una conferencia sobre mitos y realidades basados en
creencias erróneas sobre las posibilidades del ser humano en la
Tercera Edad, etapa de la vida —dijo— en la cual resulta muy sabio
poseer la capacidad que nos permita, al analizar críticamente
algunos hechos, ser lo suficientemente maduros para poder reírnos de
nosotros mismos.
El científico hizo un recorrido por los nueve mitos que enumeró,
y situó en primer lugar uno prevaleciente sobre el suicidio: el que
lo anuncia no lo hace. "Falso", indicó. Siempre el suicida emite
señales, en ocasiones verbalizándolo, otras veces regalando objetos
y propiedades, insistiendo en despedirse de determinadas personas,
tratando de formalizar una herencia o cambiando bruscamente de
estilo de vida. Por ejemplo, si era muy ahorrativo, hace gastos
innecesarios y excesivos.
Citó seguidamente: todos los "viejos" terminan
arterioscleróticos. "También falso". La mayoría de las personas que
cruzan la curva de los 60 se mantienen lúcidas, con raciocinio, lo
que unido a la experiencia acumulada por los años vividos,
constituye para la sociedad "un verdadero tesoro".
Otro mito: los ancianos son asexuados, lo que calificó de
"totalmente injusto", porque lo que ocurre a veces es que los
adultos mayores tienen menos oportunidades de expresar sus
necesidades amorosas.
El doctor Valdés Mier descaracterizó asimismo las aseveraciones
de que los ancianos son frágiles; son una carga económica; todos se
parecen; la mayoría vive en los países desarrollados; no tienen nada
que aportar, y que hombres y mujeres envejecen de forma similar.
Al término de la conferencia, impartida en la sesión inaugural
del IX seminario internacional sobre longevidad satisfactoria,
Granma le preguntó: ¿Qué entiende usted por aprender a
envejecer?
Mantener la combatividad y el optimismo —dijo— sin abusar del
criterio de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Está demostrado,
valoró, que el llamado "mal carácter" sostenido y la tendencia a
quejarse en forma continuada acorta la vida y que, sin embargo,
poseer un buen sentido del humor la alarga.