También los funcionarios de los organismos encargados de la
elaboración del alimento han de preguntarse: ¿cuántas inspecciones
hemos realizado y cuántas sanciones impuesto? Probablemente las
suficientes para impedir que las violaciones sean el actual
distintivo de buena parte de las panaderías. No obstante, la calidad
sigue siendo una quimera y se escurre entre mecanismos de control
vulnerables. Es una gran burla al Estado y la sociedad.
Más que insistir en sistemas de supervisión, antiguos o
perfeccionados, valdría incursionar en cambios estructurales, los
cuales respalden las estrategias emprendidas con el fin de
incrementar las producciones.
Pero hasta entonces, y mientras confluya en una misma unidad la
elaboración de panes de diferente factura, toca velar por que se
cumpla con lo reglamentado, de modo que la impunidad no haga diana
en los establecimientos.
Similar al recorrido nocturno realizado hace casi un año por
panaderías de la capital, Granma visitó algunos talleres
ubicados en los municipios de Marianao y 10 de Octubre, solo que en
esta oportunidad formaba parte de una inspección organizada por el
Ministerio de la Industria Alimentaria (MINAL).
Aunque la supervisión incluyó a la Empresa Provincial del MINAL
en La Habana y a las Unidades de Base de ambos territorios, fue en
las panaderías donde afloraron las mayores deficiencias. Pese a
todas las acciones de control desarrolladas, el rosario de
transgresiones volvió a repetirse.
Otra vez, la ausencia de directivos encendió la alerta de las
indisciplinas. En unidades como La Moderna, Juventud, Gran Esfuerzo
y X Aniversario, ubicadas en Marianao, unidas a La Llave de Oro y
Vida Nueva, pertenecientes a 10 de Octubre, ni siquiera estaba el
maestro panadero. Según nos explicaron, a cada uno se le había
presentado una emergencia, ¡menuda casualidad!
Pero no solo echamos de menos a los responsables de la
elaboración. La inexistencia de la solicitud de la materia prima al
almacén y su correspondiente vale de salida, así como la total
desconexión con los índices de consumo establecidos, sumaron otros
incumplimientos.
Y si algo resultó impresionante fue la falta de higiene, aspecto
en tantas ocasiones criticado. En talleres como Gran Esfuerzo, El
Yiyi, X Aniversario..., urge respetar las más elementales normas de
limpieza.
Ante la vulnerabilidad de los actuales sistemas de fumigación, el
almacenamiento de los panes en el suelo, una vez más nos alarmó. Y
hubo ejemplos peores. En la panadería Juventud las tártaras se
"refrescaban" frente a una corriente de agua albañal, mientras que
en La Moderna yacían en el patio, próximas a los latones de basura.
El administrador de esta unidad nos indicó que nunca le habían
requerido por ello. ¿Acaso alguien guarda los alimentos de su casa
cerca de los desperdicios?
También el peso de los panes generó inconformidades, generalmente
por ser inferior al límite especificado. Así ocurrió en Juventud, X
Aniversario y La Bolívar. Al menos en esta última se tomaron medidas
rigurosas.
En 10 de octubre trascendieron las violaciones en la utilización
del aceite. Todas las panaderías inspeccionadas laboraban con la
grasa al 1,75%, cuando la formulación establece un 2%. La medida de
la Unidad de Base consistió en restablecer las elaboraciones con los
niveles concebidos, pero ¿cuál fue hasta hoy el destino de ese
déficit? ¿Sobre cuáles hombros descansa la responsabilidad?
Tampoco faltó quien intentara pasarse de listo. En El Yiyi
faltaban 36 tártaras sin que estas se registraran en vale alguno, y
en Vida Nueva (el administrador fue sancionado) se habían hecho 644
panes de corteza dura sin autorización.
Si el control exige que el Departamento Técnico-Productivo de las
Unidades de Base examine a diario los volúmenes elaborados y su
relación con los índices de consumo, ¿cómo la entidad no se había
percatado de tamaña infracción, la cual ocurría desde marzo?
Quizás por ello las palabras de uno de los funcionarios de la
provincia, resulten tan atinadas: "sigue faltando sistematicidad en
la supervisión; cada miembro de las unidades municipales debe
implicarse directamente con las panaderías, y cada transgresión
conllevará un costo penal".
Pero lo cierto es que no hay medidas drásticas para acabar, de
una vez por toda, con tanto desorden.
Si decimos que en materia de eficiencia, higiene y organización
el factor humano sí marca la diferencia, es porque existen hombres
como Alfredo Lara. Tras 17 años como administrador, la permanencia y
el estricto control, constituyen su divisa personal.
Su comportamiento ilustra por qué a la panadería Ciro Redondo,
ubicada en Ciudad Libertad, la distinguen la calidad de la oferta y
la limpieza del establecimiento.
Bajo mi custodia puede presentarse cualquier dificultad, aclara,
pero lo importante es estar aquí para resolverla; se trata de sentir
por la panadería y de respetar al consumidor.
Hoy, cuando confluye en una misma panadería la elaboración de
alimentos normados y liberados, situación en la cual el descontrol
puede propiciar el desvío de recursos, cuántos Alfredo no serían
necesarios para enderezar de una vez, el torcido tronco de la
producción de pan.