Imagínense, 22 años metido de lleno en el mundo de los colchones
desde que iniciara la práctica de la lucha en su natal San Juan y
Martínez, Pinar del Río. Hoy a los 29, Liván López, recientemente
proclamado monarca panamericano en Río Negro, Colombia, en la
división de 66 kilogramos se aferra al adagio de que "nunca es tarde
si la dicha es buena".
Claro,
la mayor parte de su estancia en la preselección nacional, desde que
subió en el 2002 en calidad de invitado, estuvo a la sombra del
multimedallista mundial Geandry Garzón, quien cumple una sanción por
indisciplina desde su regreso de la Copa del Mundo de Makhachkala,
Rusia.
Los combates entre ambos siempre fueron de calidad superior, con
diferencia mínima de puntuación.
¿Cómo has podido mantenerte todo este tiempo hasta ver llegar tu
momento?
Por mi constancia, el presente siempre fue mi momento, más con un
peso pesado universal en mi división. En el 2006 debuté
internacionalmente con plata en el panamericano de la disciplina.
¿Presiones previas a esta cita continental y valoración de los
rivales?
Todos los rivales son tensos, salgo al colchón a liquidar, esa es
una de mis armas, acosarlos constantemente hasta descubrir su punto
débil.
En Colombia me sentí bien, no me marcaron puntos técnicos ni
siquiera en la final frente al estadounidense, a quien ya había
derrotado en el Cerro Pelado del 2010.
¿Control de la altura y mirada al futuro?
No me exigieron tanto, de ahí que haya controlado mejor los
efectos de la altura, y mi futuro es el mismo que cuando llegué en
el 2002, pensar en que el ahora siempre será mi momento.
Su oportunidad de demostrarlo llegará pronto, pues en la agenda
están los IV Juegos del ALBA, el Mundial de Estambul, Turquía, y los
Panamericanos de Guadalajara.
Trabajo me costó salir ileso frente a este gladiador que marcó 24
puntos técnicos en Río Negro y no cesó de hacer constantes entradas
de tackle a mis preguntas.