"Ya puedo morirme tranquilo, tengo a dos de mis hijos al pie de
las antiaéreas para defender la Revolución Socialista", exclamó el
comandante Andrés González Lines en víspera de la agresión
mercenaria por Playa Girón.
La
frase retrataba la vida de un hombre dedicado a la causa de nuestro
pueblo, quien murió con otras 16 personas a bordo de la lancha R-43
de la naciente Marina de Guerra Revolucionaria, mientras patrullaban
nuestras costas en la zona norte del Mariel. Era el 6 de mayo de
1961.
Ese día, en horas de la mañana —según testimonios de la época—,
fue la última vez que les vieron. Habían salido del puerto de La
Habana a las 8:00 a.m; poco más tarde fueron avistados a la altura
del Mariel.
Horas después, en un S.O.S explicaban que se estaba hundiendo y
largaba el fondo, como a unas 10 millas del Mariel. A las 10:00 a.m.
se recibió otro mensaje que anunciaba que estaban listos para
abandonar la nave. Sería la última comunicación.
Inmediatamente comenzó la búsqueda, pero no se encontró rastro
alguno que condujera al hallazgo de la lancha y de su tripulación y
pasajeros.
Con la muerte de González Lines desaparecía un hombre amante del
mar, quien ingresó por oposición en la Academia Naval del Mariel y
se graduó finalmente como alférez de fragata de la marina de guerra.
Al evocarlos, sus compañeros recuerdan su imagen serena,
imperturbable ante el peligro y su voluntad inquebrantable. Ejemplo
de militante, modestia, sencillez y espontaneidad, quién ayudó a la
revolución desde sus filas.
En declaraciones a la prensa a raíz del suceso sus compañeros de
la Marina expresaron su convicción de que detrás del hundimiento
estaba la contrarrevolución y el imperialismo. Siempre quedó la
duda, de que el incierto destino de estas personas fue provocado por
la mano asesina.
La suerte corrida por Andrés González Lines y su tripulación,
cuenta como un pasaje más de la interminable lista de víctimas del
terrorismo contra Cuba.