Maestra que cura el alma

Freddy Pérez Cabrera

A sus 11 años, Mario Alberto Riscart no puede asistir a la escuela, ni jugar a la pelota, las bolas o cualquier otro pasatiempo infantil con los demás niños del barrio. Desde hace mucho tiempo debe permanecer la mayor parte del día sentado en un sillón de ruedas, a causa de una cruel enfermedad que lo despojó de los privilegios de la movilidad.

Foto del autorSin embargo, su rostro denota felicidad. La inteligencia, sonrisa picaresca, y una mirada tierna y noble contrastan con el dolor causado por la dolencia padecida.

Entre las grandes pasiones de Mario, ocupa un lugar especial su maestra Yunay Iglesias, una muchacha que, similar a aquellos educadores a los cuales se refirió José Martí en su artículo titulado Maestros Ambulantes, publicado en 1884, va esparciendo amor y conocimientos por todas partes.

La llegada de la defectóloga a su hogar, constituye una fiesta. "Qué dice mi niño lindo. Eh, y tú no piensas darme un beso hoy... " Y así, a cada gesto de la joven, Mario Alberto responde con una señal de cariño, que termina cuando extiende sus manitas para fundirse en un abrazo con ella.

La salita de la casa es el aula. El sillón de ruedas y una pequeña tabla colocada al frente funcionan como pupitre. No puede faltar la bandera cubana en una esquina de la improvisada mesa. A un lateral, el mural donde el pionero coloca las principales actividades del mes. En ese escenario desarrolla su actividad esta artista de la pedagogía.

El día de nuestra visita debía aplicarse la prueba de Español, una de las asignaturas preferidas del niño, junto a la de Historia. Tras la lectura de las preguntas, Mayito comenzó a responder, haciendo gala de una letra impecable, a pesar de sus limitaciones físicas.

Cada actividad era seguida con especial interés por Tania Paz Rodríguez, la madre del niño, una persona imprescindible en la vida de Mario Alberto. A su constancia y desvelo, así como a los especialistas de salud y educación que lo han atendido durante su convalecencia, debe su hijo la recuperación mostrada en los últimos años.

"A veces miro por la televisión las calamidades descubiertas por los especialistas cubanos en sus diagnósticos genéticos y psicosociales realizados en diferentes países de América Latina, personas discapacitadas que nunca han visto un médico, y siento un gran orgullo de que mi hijo haya nacido en este país, de lo contrario hubiera corrido la misma suerte de ellos", expresa Tania, enfermera de profesión.

Solo el amor engendra la maravilla

Yunay Iglesias es una de los 57 maestros ambulatorios con que cuenta Villa Clara, con el objetivo de facilitar la educación de los 187 niños incapacitados de asistir a los diferentes centros de la red escolar del territorio.

La sensibilidad y pasión con que desempeña su profesión le han granjeado el cariño de Mario Alberto y del resto de los alumnos que atiende: Adriana, Cristian y Eliany, además de los familiares.

"La profesión de maestro ambulatorio es muy humana y uno se compenetra tanto con el niño y su situación, que llega a sentir sus problemas como propios", expresa Yunay, quien compara esta labor con una carrera de velocidad, y no de resistencia.

El maestro de la enseñanza especial debe ser muy paciente. Generalmente, esas enfermedades provocan, además de las serias limitaciones físico-motoras, secuelas en el aprendizaje del pequeño, razón por la cual el educador no puede desesperarse, sino buscar las mejores variantes psicopedagógicas, apoyarse mucho en los medios de enseñanza y, sobre todo, en la familia.

Reconoce que el maestro ambulatorio no solo instruye. Su misión es más amplia, significa preparar al niño para la vida en un sentido más amplio, y desarrollar habilidades que lo conviertan en una persona independiente y útil en el futuro.

En el caso de Mayito, no podía escribir, leía y pronunciaba las palabras con mucha dificultad, y ya ha avanzado mucho gracias al empeño de los maestros que ha tenido y a la constancia de su mamá, refiere la licenciada, lo que demuestra cuánto es capaz de lograrse cuando en una obra confluye tanto amor.

 

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