La reunión de La Mejorana

Yolanda Díaz

Entre los acontecimientos más polémicos de la Guerra Necesaria, o sobre los cuales más interpretaciones se han realizado, resalta la reunión en el ingenio La Mejorana, en el antiguo departamento de Oriente.

Celebrada el 5 de mayo de 1895, contó con la presencia de tres de las figuras más relevantes de nuestro proceso emancipador contra el dominio colonial español: José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Son conocidas las discrepancias o puntos de vista que existían entre estos líderes respecto a la forma de conducir el proceso político-militar; en la década de los ochenta del siglo XIX, esas diferencias habían quedado evidenciadas durante el desarrollo del Plan de San Pedro Sula o Plan Gómez-Maceo, conocido así tras producirse la retirada de Martí de ese proyecto insurreccional.

El abortado Plan de la Fernandina y la indicación de Martí de iniciar la guerra a pesar de los inconvenientes presentados, condicionó que cuando el 24 de febrero de 1895 comenzaron las acciones en Cuba, ninguno de ellos se encontrara en territorio nacional; de ahí que al producirse la llegada a la Isla resultara primordial el encuentro.

El arribo de estos líderes por diferentes puntos y de manera independiente, así como el desarrollo de los acontecimientos, determinó cierta demora en la realización de la necesaria reunión.

El encuentro se realizó sin la asistencia de testigo alguno; los escasos fragmentos recogidos por los propios participantes sugieren que se desarrolló en un clima de gran tensión y aspereza. Algunas personas ubicadas en los alrededores del lugar donde se efectuó la entrevista refieren haber escuchado voces exaltadas.

En las páginas de su Diario, apunta el Apóstol: "Maceo y G. hablan bajo, cerca de mí, me llaman a poco, allí en el portal: que Maceo tiene otro pensamiento de Gobierno: una junta de los generales con mando, por sus representantes, y una Secretaría General (...) Nos vamos a un cuarto a hablar. No puedo desenredarle a Maceo la conversación: ¿pero V. se queda conmigo o se va con Gómez? Y me habla, cortándome las palabras, como si fuese yo la continuación del gobierno leguleyo y su representante".

Sin duda, la forma de dirección que debía adoptar la Revolución se convirtió en el centro de aquella entrevista.

Maceo, que con amargura había visto muy de cerca los prejuicios en la Guerra Grande de las proyecciones civilistas, era partidario de una junta de jefes que también se ocupase de la actividad legislativa, proporcionando al mando militar la libertad operativa necesaria para conducir la guerra a un final exitoso.

A Martí no le resultaban ajenos los problemas ocasionados por las rencillas y disentimientos; por tanto, era necesario que la forma de gobierno adoptada conjugara todos los factores; consideraba que no solo era necesario ganar la guerra, sino crear dentro de ella las bases de la futura República, por lo cual confería especial preponderancia al establecimiento de una estructura republicana: "(...) el Ejército, libre, el país, como país, con toda su dignidad representado".

La conversación, al parecer, no condujo a ningún acuerdo en ese aspecto y su definición quedó pendiente de discusión para la futura asamblea constituyente.

Todo indica que allí también se discutió la salida de Martí del campo insurrecto hacia el exterior, a fin de desempeñar un importante papel en el aprovisionamiento de las tropas insurrectas, posibilidad que quedó trunca con su prematura muerte.

Es casi seguro que el desarrollo de la guerra en todo el territorio nacional fue igualmente un aspecto relevante de aquel encuentro. Ello permitiría explicar la decisión de Maceo de iniciar la campaña en Oriente a fin de cohesionar las fuerzas en ese lugar, mientras Gómez se trasladaría hacia Camagüey para consolidar la insurrección en dicha región; así se preparaban condiciones para la futura extensión del conflicto a toda la Isla.

Concluida la reunión de La Mejorana, Maceo se mantuvo con sus hombres, en tanto Martí y Gómez fueron conducidos fuera del campamento donde, según el propio Generalísimo, pernoctaron solos y desamparados, apenas escoltados por 20 hombres sin experiencia y mal armados, expuestos a cualquier ataque enemigo.

El día 6 Antonio Maceo, después del exabrupto y quizás tras recapacitar de su comportamiento y del peligro en que había puesto a la Revolución, los condujo nuevamente al campamento, allí los invitó a pasar revista a toda la tropa formada, intentando así borrar el desaire del día anterior.

Luego todos aquellos hombres escucharon a Martí, quien explicó el giro que debían tomar las acciones en Cuba y después de unos instantes, los tres hombres se abrazaron con efusión en presencia de las fuerzas que celebraron con gritos de júbilo y alborozo aquel estrechón revelador; a partir de ese momento Martí y Gómez reanudaron su marcha hacia el oeste a cumplir el compromiso con la Patria. (AIN)

 

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