Aunque
es Premio Nacional de Teatro, José Milián declara ser a sus 65 años
un actor frustrado. Y es que este matancero, quien se ha desempeñado
en los más variados oficios sobre la escena, ha volcado su talento
hacia la escritura y la dirección del grupo que fundó hace 21 años.
El dramaturgo, con una profunda filiación hacia la historia y la
realidad cubanas, posee una obra de obligada referencia si se va a
hablar del teatro cubano.
Con
más de 40 piezas escritas, entre textos dramáticos, revistas
musicales y guiones de espectáculos, Milián —autor de títulos tan
importantes como La toma de La Habana por los ingleses
(1968); Juana de Belciel, más conocida por Madre Juana de
los Ángeles (1970) y Las mariposas saltan al vacío
(1993)— prepara una nueva puesta en escena de Si vas a comer,
espera por Virgilio. Esta obra, de 1997, está considerada un
clásico dentro de la dramaturgia cubana contemporánea.
En medio de los ensayos con su Pequeño Teatro de La Habana, el
artista accedió a esta entrevista motivada también por sus 50 años
de vida profesional.
¿Quiénes asumirán los roles protagónicos en esta reposición?
"Por innombrables circunstancias, siempre que intento llevar a
escena esta obra he tenido dificultades a la hora de hacer el elenco
y eso casi se ha convertido en una tradición. Esta vez, estamos ante
un joven que se ha desarrollado en el grupo por más de cinco años:
Ángel Ramírez, quien, como los anteriores, interioriza un Virgilio
Piñera a partir de la evocación y del recuerdo. El joven Pepe está
interpretado por Frank Mora, y Ella es Gretel Cazón, que por primera
vez se enfrenta conmigo. Los actores están inmersos en una compleja
partitura que va dictando la banda sonora en consonancia con un
texto poético y un diálogo a la vez filosófico. Superar, incluso, la
huella de sus predecesores es parte del reto que enfrentan estos
tres debutantes. La obra se estrenará hoy 6 de mayo, en el Centro
Cultural Bertolt Brecht y estamos programados para más de tres meses
acercándonos al centenario del nacimiento de Virgilio ya que entre
otras cosas, estamos saludando este suceso".
Hace 14 años nació esta importantísima pieza, ¿Qué significó para
usted cuando se estrenó en aquel entonces?
"Tenía mucho miedo porque, a pesar de ser una farsa, la carga
testimonial y los sucesos a que hace referencia corrían el riesgo de
la exageración o en el peor de los casos de la deformación. Yo
sentía un enorme respeto por Virgilio y por el tema, y traicionar
ambas cosas me asustaba. Ahora, cada vez que la llevo a escena,
descubro cosas nuevas y reafirmo su vigencia".
Sabemos de sus aportes a la escena musical. En Cuba existe una
amplísima tradición en esa vertiente, sin embargo son pocos los
grupos que se decanta por él. ¿Por qué se ha deprimido tanto? Más
allá de la costosa producción, ¿hay ausencia de textos, de actores
preparados o de directores arriesgados?
"Hay ausencia de textos, sobre todo nacionales. La tradición se
rompió por la falta de continuidad. Amo ese género y lo he
demostrado, creo que soy de los pocos autores que ha escrito para el
mismo. Pero sí es necesario aprovechar el talento natural para
encauzarlo y la forma de hacerlo es estudiándolo y eso se nos
olvidó. No aprovechamos a los que tenían experiencias para que nos
enseñaran. Las buenas intenciones son plausibles pero no basta con
eso. La producción no tiene que ser siempre costosa, a veces hago
musicales con pocos recursos, sobre todo para espacios pequeños como
el Café Brecht. Aunque no siempre podemos repetir la misma fórmula
porque sería encasillarte. Y claro está, para cualquier director es
un riesgo y no todos se arriesgan".
Egresado del Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional de
Cuba, usted escribió en 1961, con sólo quince años, su primera pieza
Vade Retro. Pensar hoy en día en esta precoz incorporación al
mundo del teatro lleva a una pregunta: ¿por qué esa inclinación
siendo tan joven?
"Lo único que conocí en mi infancia era el mundo del circo. Era
un niño muy observador y me contaban que me escondía debajo de las
camas a pintar personas, por lo que asumí que mi vocación era ser
pintor. Creo que escribí muchas tonterías, pero Vade Retro
fue el desgarramiento, el desprendimiento de la niñez para dar paso
a la juventud. Si era capaz de escribir sobre ese mundo que viví,
hablar de miserias, de hambre, de terror, eso significaba que estaba
empezando a madurar, al menos estaba dando los primeros pasos".
Usted pertenece a la generación de teatristas que durante la
década del 60 contribuyeron decisivamente a la consolidación de una
escena nacional. A la altura de hoy, ¿cómo ve esos años de
gestación?
"En aquellos tiempos tenía el ímpetu, la osadía, el atrevimiento,
pero todo el país estaba en Revolución y eso facilitaba las cosas.
Queríamos hacer nuestro teatro y nos lanzamos a hacer. Trabajar se
convirtió en una obsesión para mí y desde entonces es lo que hago.
Pienso que no hay muchas diferencias, siempre han existido
incomprensiones o injusticias. Problemas de valoraciones subjetivas
o apoyo incondicional, pero lo que realmente vale es lo que va
quedando. Y la historia ha demostrado eso, aunque a veces demore un
poco".