El siglo de David

Virginia Alberdi Benítez

En la caricatura personal, ese arte de atrapar en pocos rasgos el semblante y el talante de una persona, hubo un gran maestro en Cuba, Juan David. A tal punto que para varias generaciones de cubanos se hizo difícil concebir esa expresión al margen de los rasgos que el artista imprimió a sus dibujos. Dicho de otro modo, el paradigma del caricaturista fue David.

David visto por David.

Recordarlo en su centenario recién cumplido —nació el 25 de abril de 1911 en Cienfuegos y falleció en La Habana en 1981— nos conduce a repasar cómo fue depurando el oficio a lo largo del tiempo hasta lograr quintaesenciar en la línea y el gesto la psicología peculiar de numerosas personalidades de la política, la cultura y la vida social de la nación.

Así lo fue haciendo en diversas publicaciones, Mediodía, Grafos, Gaceta del Caribe, Información, Noticias de Hoy, y, sobre todo, en Bohemia, donde dejó su marca indeleble.

En Bohemia, al conceder una entrevista, le preguntaron cuál era la mayor dificultad a la que se enfrentaba y respondió: "El primer trazo sobre la cartulina". Y en esa misma plática se definió a sí mismo: "Soy un retratista sin cámara fotográfica ni caballete. Pero también un cronista".

Con David nació un estilo en un arte cultivado con fortuna anteriormente por Rafael Blanco y Conrado W. Massaguer. Y quedó atrás el concepto de reducir la caricatura personal a la deformación grotesca ridícula o grotesca de personas para devenir, en nuestro medio, arte mayor.

 

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