Recordarlo en su centenario recién cumplido —nació el 25 de abril
de 1911 en Cienfuegos y falleció en La Habana en 1981— nos conduce a
repasar cómo fue depurando el oficio a lo largo del tiempo hasta
lograr quintaesenciar en la línea y el gesto la psicología peculiar
de numerosas personalidades de la política, la cultura y la vida
social de la nación.
Así lo fue haciendo en diversas publicaciones, Mediodía, Grafos,
Gaceta del Caribe, Información, Noticias de Hoy, y, sobre todo, en
Bohemia, donde dejó su marca indeleble.
En Bohemia, al conceder una entrevista, le preguntaron cuál era
la mayor dificultad a la que se enfrentaba y respondió: "El primer
trazo sobre la cartulina". Y en esa misma plática se definió a sí
mismo: "Soy un retratista sin cámara fotográfica ni caballete. Pero
también un cronista".
Con David nació un estilo en un arte cultivado con fortuna
anteriormente por Rafael Blanco y Conrado W. Massaguer. Y quedó
atrás el concepto de reducir la caricatura personal a la deformación
grotesca ridícula o grotesca de personas para devenir, en nuestro
medio, arte mayor.