Abbottabad: el Hollywood pakistaní

FÉLIX LÓPEZ

Enero de 2006. Un niño de Abbottabad sirve de traductor a una doctora cubana en el hospital de campaña. (FOTOS DEL AUTOR)

Nunca estuve en Hollywood, pero por azar de la vida o regalo de profesión pude conocer al distante Abbottabad. Un pueblo pakistaní que ahora mismo parece estar más cerca de la meca del cine norteamericano que de Islamabad, aunque solo lo separan unos 80 kilómetros de esta capital. Su notoriedad, el salto increíble a los titulares de prensa y de telediarios en todo el mundo, ha sucedido tras el anuncio que también disparó la popularidad de Obama: allí, un comando de película "eliminó" a Osama Bin Laden…

Desde que el presidente Obama pronunció la noche del primer día de mayo su frase triunfal ("lo atrapamos"), Abbottabad dejó de ser la ciudad apacible y segura, flanqueada por montañas, una academia militar y tres regimientos del ejército pakistaní, donde disfrutan su retiro generales y altos oficiales. Ahora es como el escenario de un reality show, que en cada nuevo capítulo devela la inconsistencia de una mala trama, con cabos sueltos por todas partes.

¿Cómo una misteriosa casa construida en el 2005 no se convirtió en sospechosa hasta agosto de 2010? ¿Durante seis años Bin Laden burló a la inteligencia pakistaní? ¿Estaba o no armado cuando el mítico comando SEALs le disparó a la cabeza? ¿Uno de los cuatro helicópteros tuvo desperfectos técnicos o fue derribado? ¿Por qué mintió Jay Carney, jefe de prensa de la Casa Blanca, al decir que Bin Laden usó como escudo a su esposa, versión desmentida horas después? ¿No estaban capacitados los Navy SEALs para atraparlo vivo y llevarlo a un sitio seguro? ¿Acaso la orden era matarlo? ¿Por qué no hemos visto imágenes del cadáver, tan acostumbrado que está Hollywood a la obscenidad y el exhibicionismo? ¿Por qué tantas contradicciones en el guión oficial sobre el asalto a la casa de Abbottabad? ¿Desde cuándo León Panetta es buen guionista? ¿Quiénes ganan al revivir y azuzar a los temibles terroristas de Al-Qaeda? ¿Y el Premio Nobel…, ya está listo para el Oscar?

Más de un millón de pakistaníes fueron atendidos en los hospitales cubanos. (FOTOS DEL AUTOR)

Todas esas preguntas y muchas más le dan la vuelta al mundo, mezcladas con la versión de Washington, donde ya se habla de alertas antiterroristas de todos los colores y se alistan para nuevas batallas en los más oscuros rincones del mundo. Si la muerte de Bin Laden revive la amenaza terrorista se necesitan más armas para combatirlos. Y si hay guerra hay cine de acción para rato. Si hay espectáculo habrá alfombra roja, y por allí desfilarán triunfales Obama y sus muchachos.

Desde Cuba, imagino como debe estar gozando de lo lindo el amigo Mohammad Iqbal, un habitante de Abbottabad con un proverbial sentido del humor, la persona que nos sirvió de guía y traductor cuando escribíamos Resurrección en el Himalaya, un libro que habla de la cruzada por la vida del "ejército más poderoso de la tierra": los médicos de la brigada internacionalista Henry Revee, que en número de 2 500, diseminados en 32 hospitales de campaña, asistieron al hermano pueblo pakistaní, luego del terrible terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter, el 8 de octubre de 2005.

Según la versión de la película (opera prima) de Obama y Panetta, para esa fecha ya Osama había dejado las gélidas montañas de Tora Bora, en Afganistán, para esconderse en la casa-guarida de Abbottabad. Allí estuvimos en los primeros días de enero de 2006, allí tenía la misión médica cubana su puesto de mando y allí se instaló el hospital de campaña No. 26, Tania la Guerrillera, donde los galenos cubanos salvaron miles de vidas y rehabilitaron a miles de pakistaníes, en un país semidestruido, con millones de personas malviviendo en casas de campaña y sobreviviendo al duro frío invernal y las nevadas en las laderas del Himalaya y la cordillera de Cachemira.

En ese escenario no escuché jamás hablar de Osama Bin Laden, ni por mucho que lo indujera el interés periodístico. Eso sí, recuerdo perfectamente cómo muchos pakistaníes se quejaban con dolor de la indiferencia de los Estados Unidos y de los países de la OTAN, que con centenares de helicópteros apostados al otro lado de la frontera afgana, no acudieron a auxiliarlos en el momento de la peor tragedia de sus vidas. Ahora, de seguro, debe asombrarles con qué precisión los cuatro helicópteros de los Navy SEALs volaron desde Jalalabad a Abbottabad.

Estamos seguros que ni Abdull, Mubasad, Asif y Chevif, aquellos niños entre 12 y 15 años, que servían de traductores a los médicos cubanos en Abbottabad (por dominar el urdu y el inglés), se creen hoy la fantástica historia que convierte a su pueblo en centro de la noticia. Alguien quiere hacerles creer que uno de los hijos de Bin Laden, vestido con el tradicional shawar-camis (pantalón ancho y camisa larga), se cruzaba con ellos dos veces al día en la misma panadería del pueblo, junto a la academia militar.

Yo no sé ustedes, pero este periodista está haciendo zaping, cambiando el canal, aburrido ya con esta pésima película de acción. Por favor, dejen tranquila a Abbottabad, regresen al oeste americano y cuéntennos una buena de vaqueros.

 

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