Europa: ¿las mujeres cuentan?

MAYTÉ MADRUGA HERNÁNDEZ

Hablar de la discriminación de la mujer hoy, más que un discurso feminista es una realidad. Cuando se habla de machismo o diferencias en el trato a hombres y mujeres, se piensa en primer lugar en los países del Tercer Mundo, pero lo cierto es que en las naciones europeas, aun con sus llamadas sociedades de bienestar, la discriminación femenina pasa la cuenta al mal llamado "sexo débil".

En la Unión Europea, el 17 % de las mujeres vive en condiciones de pobreza. Cuando el desempleo agobia a la mayoría de las familias del Viejo Continente, dos tercios de los 63 millones de parados de entre 25 a 64 años son del sexo femenino.

Aquellas que aún cuentan con la suerte de conservar sus empleos, deben trabajar más que los hombres, pero nunca llegarán al mismo salario que sus compañeros de labor.

La discriminación femenina puede ser un aspecto que le preocupe a las comunidades europeas, aunque estas no predican con el ejemplo: solo el 12 % de los ministros europeos son mujeres, sin contar que la presencia femenina en el Parlamento Europeo en Bruselas no llega a la mitad: solo un 35 %.

En el área corporativa, de cada 100 grandes empresas, tres cuentan con una presidenta.

No obstante, los datos demuestran que si las tasas de empleo y productividad fuesen iguales para ambos sexos, el Producto Interno Bruto de la UE se incrementaría en un 30 %, una cifra nada mal para los tiempos de crisis.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Detrás de la discriminación a la mujer se esconde un delito aún mayor: la violencia de género.

En la mayoría de los países europeos los crímenes y abuso contra el sexo femenino son, en muchas ocasiones, puestos en listas de homicidios comunes, sin ningún tipo de distinción. Pocas veces las denuncias por violencia de género son llevadas a juicio. Un claro ejemplo es Suecia, donde solo el 12 % de las violaciones denunciadas a la policía desemboca en un tribunal.

La falta de instrumentos legislativos o de cooperación entre los socios europeos para contrarrestar la violencia hacia la mujer, es la principal causa de que este mal no se erradique.

Países como Eslovenia, Finlandia, Grecia, Holanda, Hungría, Lituania, Polonia y Rumania no registran información sobre violencia de género ni en las comisarías, ni en los juzgados; y otros como Austria, Bulgaria, Estonia o Italia ni siquiera tienen legislación o planes de acción para abordar este mal.

La violencia de género y la discriminación femenina en la UE han sido criticadas en múltiples ocasiones como una situación intolerable, pero más allá de un análisis o la presentación de cifras que solo muestran la parte económica del problema, la mujer europea no cuenta con suficiente amparo, sin importar el país donde se encuentre.

Los eurodiputados exigen que todas las políticas de la UE cuenten con una perspectiva de género, demanda que no ha dado resultado porque, simplemente, las féminas que hoy viven en la culta y refinada Europa siguen sufriendo un mal tan antiguo como el machismo.

 

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