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Venezuela: cuando lo humano se convierte en revolución

Sentado en su silla de ruedas, muy sonriente y de la mano de su esposa, Glenso Mariño descansa a la sombra de un árbol, luego de participar en la gran marcha del 1 de mayo realizada en Caracas.

El joven de 23 años considera que cada venezolano beneficiado por el Gobierno del dignatario Hugo Chávez debe respaldar la revolución que se lleva a cabo en este país suramericano desde hace 12 años y a su comandante presidente, reporta Prensa Latina.

Mariño recibió un impacto de bala el 2 de marzo de 2008 durante una pelea entre bandas y entonces los primeros médicos que lo atendieron lo confinaron a vivir postrado en una cama.

Luego de escuchar sobre el convenio de colaboración médica Venezuela-Cuba para atender a enfermos con diversos padecimientos, decidió acercarse a las autoridades comunales y solicitar ayuda.

Seis meses más tarde un equipo de especialistas cubanos le diagnosticó una inflamación en la médula y lo enviaron a La Habana, donde fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Ortopédico Frank País.

Después de la operación el joven regresó al archipiélago caribeño otras dos veces para ser rehabilitado en el Centro Internacional de Salud Las Praderas, donde fue tratado con mucho amor y profesionalismo, según declaró.

Además de la atención médica, que incluye entrega de medicamentos y útiles para su bienestar personal, él y su familia, pues es casado y tiene un hijo de dos años, reciben ayuda con un estipendio mensual concedido por el Estado a todos los discapacitados.

Por otra parte, está incluido en un registro nacional a través del cual se le otorgará una vivienda porque su familia resultó damnificada como resultado de las fuertes lluvias que azotaron el país desde noviembre último.

Yo vivo en un refugio. Una quebrada se llevó mi casa. Pero en agosto debo recibir mi techo, porque mi comandante ya me asignó a mí y a otras familias el terreno donde se construirá nuestro apartamento.

Con la revolución y el presidente Chávez hasta la muerte, aseguró mientras enarbolaba una bandera venezolana con una mano y con la otra sostenía a su pequeño en sus piernas.

La historia de Mariño es una de tantas que se puede vivir a diario en Venezuela, donde las políticas nacionales se concentran en garantizar el mayor bienestar posible a sus habitantes, en especial a la clase obrera.

Su caso es solo una de las tantas razones que llevaron a todo el pueblo a realizar una concentración sin precedentes el pasado 1 de mayo, en apoyo al proceso nacional inclusivo, donde hay cabida para todos, sin importar su condición.

Quienes padecen enfermedades como la Mariño, forman parte actualmente de la Misión José Gregorio Hernández, inaugurada en 2008 para brindar asistencia médica y social a personas con necesidades especiales o algún tipo de discapacidad.

El programa considera la discapacidad físico-motora, intelectual, visual o auditiva, ya sean adquiridas o heredadas, al tiempo que diseña y aplica políticas públicas para atender a estas miles de personas desprotegidas socialmente.

La Misión se desarrolló en tres etapas. Primero se realizó un estudio de las personas con problemas, a lo cual siguió la creación de las bases para que los afectados comenzaran recibir los servicios de genética de manera gratuita. La tercera fase contempló la formación de recursos humanos para atender las necesidades.

Hasta marzo pasado, fueron entregados como parte del plan 868 mil 782 artículos y ayudas técnicas, se incorporaron a la docencia mil 600 niños, 12 mil personas recibieron cédula de identidad y otras 17 mil con niveles severos de discapacidad fueron atendidos.

 

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