Aniversario 50 de la Campaña Nacional de Alfabetización

Leonela Relys: cubana genuina

El método de alfabetización Yo, sí puedo, donde ella ha tenido una destacada participación, ha llegado a más de 30 países

OLGA DÍAZ RUIZ
olga@granma.cip.cu

Con la temprana lucidez de sus 14 años, Leonela Inés Relys Díaz inició en el rincón holguinero Brisas de Yareyano un largo camino de luz, que luego, enriquecido por el pensamiento colectivo, permitió llevar a más de 30 países la bendición del conocimiento, y la certeza de que la alfabetización es un objetivo ineludible en la conquista de una educación para todos.

A pedido de Granma, Leonela refiere su participación en 1961 en la Campaña Nacional de Alfabetización, "una de las gestas más bellas de nuestro país en el terreno educativo y cultural; una obra genuina de cubanos y cubanas" que liberó pronto a la Isla del analfabetismo, flagelo que todavía afecta a más de 700 millones de personas en el mundo, según datos de la UNESCO.

Foto: Jorge Luis González “Estoy entregada a escribir y a crear para dar continuidad a la misión de enseñar”, asegura Leonela.

Formada como joven maestra Makarenko, hoy doctora en Ciencias de la Educación, la destacada profesora confesó que sus vivencias como alfabetizadora Conrado Benítez le resultaron sumamente útiles para contribuir decisivamente en la elaboración del programa Yo, sí puedo que años más tarde, entre el 2002 y el 2009, instruyó a cerca de tres millones y medio de personas.

"Los principios básicos sobre los que se edificó este método de alfabetización para adultos fueron los principios rectores de la Campaña cubana de 1961. En esa experiencia nos basamos décadas después para incorporar a la sociedad, fundamentalmente latinoamericana, a la educación masiva de sus pueblos", reconoció, y señaló que un proceso de esta magnitud requiere ante todo la voluntariedad de la sociedad, de los beneficiados, de las organizaciones internacionales y de los gobiernos para desarrollarse con éxito.

El método creado con el apoyo de un equipo de especialistas cubanos, conecta números y letras empleando de manera armónica y coherente los medios audiovisuales, siempre bajo la tutela de un facilitador, encargado de coordinar y controlar esta aprehensión de los saberes.

Pero estos resultados, reconocidos por múltiples organismos mundiales y autoridades nacionales y extranjeras, no se consiguieron de la noche a la mañana.

HAITÍ, OTRO INICIO

En el año 2000 tuve la oportunidad de comenzar, junto a un compañero especialista en lengua francesa, un proceso de alfabetización radiofónica en Haití y hacer realidad la misión encomendada por el Comandante en Jefe Fidel Castro de disminuir los índices de analfabetismo de ese pueblo, superiores al 50 %, recuerda Leonela.

"Entonces yo contaba con muy pocos conocimientos sobre los medios de comunicación y sus potencialidades, pero aun así nos enrolamos en ese viaje."

La tarea no resultó nada fácil, comenta, forzada por las circunstancias a aprender Creole y a conocer a fondo la naturaleza del pueblo haitiano, sus características socio-culturales, sus raíces, intereses y motivaciones, para capacitar en casi dos años a más de 10 000 monitores que apoyarían y continuarían este programa.

Sin duda, alega, "a pesar de su pobreza extrema y su abanico religioso —que suponía un reto enorme a la hora de elaborar los guiones radiofónicos con los que se impartían las clases—, Haití fue nuestra primera escuela y la génesis del Yo, sí puedo, lo que nos nutrió de una serie de elementos, convicciones y principios para impulsar el proyecto".

Con esta nueva experiencia, durante un encuentro con Fidel en Cuba, el Comandante indicó reelaborar esa cartilla de más de 200 páginas que se empleó en Haití, ahora en unas 4 ó 5 cuartillas, para hacer más efectivo y económico el programa y viabilizar su extensión a otras naciones.

Bajo la inspiración de Platero y yo, mi libro de compañía, nació poco tiempo después en tierras haitianas el nuevo programa de alfabetización televisiva, alrededor del cual se crea, una vez de regreso en la Isla, un equipo multidisciplinario para implementar el proyecto a partir de la creación de guiones televisivos para 65 video-clases, que respaldan el material docente, de simpleza mítica, conformado por la cartilla y el manual, relata la autora del método.

Desde la Patagonia al Bravo, Con números y letras, Aprendo a leer y escribir, entre otros nombres, pasaron por su mente, hasta alzarse finalmente con la denominación esperanzadora —Yo, sí puedo— que ha recorrido el mundo llevando la luz de la razón y el conocimiento, y que por su impronta universal, permite ser adaptado a disímiles contextos, sin alterar su esencia educativa.

TRAVESÍA...

Una vez dispuesto el programa, con la colaboración constante del Canal Educativo cubano, el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño de Alfabetización, el Ministerio de Educación de Cuba y un numeroso grupo de especialistas, se llevó a cabo su contextualización en Venezuela, incorporando elementos propios del país sudamericano.

Este fue el principio de una campaña también histórica, que tras el pilotaje inicial en cuatro estados —Maracay, Miranda, Caracas y Vargas— se generalizó en la patria de Bolívar y liberó a la nación hermana del analfabetismo en el 2005, sumando años después logros similares en Bolivia y Nicaragua.

"Para alcanzar esta respuesta —precisó— en cada caso llevamos a cabo un exhaustivo trabajo de exploración y estudio, desde dentro, de las características de cada región donde se iba a implementar el método como la densidad poblacional, la religión, los hábitos, la identificación de los alumnos y de sus necesidades, así como un conocimiento amplio de su idiosincrasia, el idioma vehicular y las lenguas originarias, la geografía, la música y las maneras de hablar.

"Agarrar al toro por los cuernos, eso es lo que hicimos con el analfabetismo en Venezuela, no sin oposiciones ni agresiones de la contrarrevolución allí, por supuesto, pero no hubo miedo, todo el tiempo echamos para adelante y nos dimos cuenta de que invariablemente, cuando despiertas en las personas la inquietud por el conocimiento, son capaces de transformarse para bien."

Bajo esta premisa, el programa ha sido adaptado para todos los países que lo han solicitado, y además de los centenares de especialistas cubanos capacitados como facilitadores, otros se han preparado con iguales propósitos en Ecuador, Bolivia, Argentina, México, Brasil, Granada, Nueva Zelanda, Nicaragua, Haití, Venezuela, Kenia y Guinea Bissau, por citar algunos.

DERROTEROS ACTUALES

Con múltiples reconocimientos dentro y fuera de Cuba, y movida por una inquietud genuina que no la abandona, esta maestra consagrada afirma estar aprovechando toda esa experiencia vivida, canalizándola en nuevas creaciones y actualizaciones que apoyen el programa, para hacerlo más inclusivo y renovado.

Sin perder la ternura, Leonela confiesa estar entregada a escribir y a crear; jubilada, pero nunca retirada de la misión que le ha tocado: "Hasta el último día que pueda tomar un lápiz y enseñar, voy a estar cumpliendo esa misión".

 

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