Canales contra el derroche

Un programa contra el despilfarro de agua está en marcha en extensas áreas del norte avileño

Ortelio González Martínez

CHAMBAS, Ciego de Ávila.— Casi el 80 % del agua que salía del Complejo Hidráulico Liberación de Florencia no llegaba a las áreas productivas de ese municipio avileño. Poco a poco el mayor acuatorio artificial de la provincia (80 millones de metros cúbicos) se desangraba y los beneficios eran cada vez menores.

Los canales en estado crítico, las filtraciones hacia el manto freático y la evaporación en su camino hacia el norte provocaban excesivos gastos de un recurso hoy cada vez más deficitario.

Foto: Nohema Díaz MuñozPor más de 50 kilómetros, el agua corre sin obstáculos.

LOS NÓMADAS DE LOS CANALES

Una pequeña cuadrilla de osados, el pasado año, limpió y reconstruyó más de 35 kilómetros de canales primarios que benefician áreas pertenecientes a las UBPC Viscusia y Cienfuegos, y a la CPA Jesús Menéndez, unidades con alto potencial en el cultivo de la caña.

A los hombres de la brigada de obras ingenieras, adscrita a la Empresa Provincial de Transporte y Servicios a la Mecanización (TRANZMEC), les llaman los nómadas de los canales, pese a que las condiciones de trabajo mejoraron en los últimos tiempos y ya desterraron los momentos en los que, incluso, se vieron obligados a cocinar en el fondo de cualquiera de estos ríos artificiales en desuso.

Foto: Nohema Díaz MuñozSantos expresa la preocupación de no tener relevo.

Santos López Rodríguez, con 70 años de edad, siente la emoción de volver por los mismos lugares donde construyó los sistemas de riego hace más de dos décadas, como integrante de las entonces brigadas de drenaje parcelario.

Jubilado, sigue siendo útil en una draga 652, conocida también como Grand Light, capaz de desarrollar múltiples acciones en el terreno. Sonriente, afirma: "Es bueno que estemos arreglando los canales. Estos sistemas de regadío por derivación no emplean ni corriente eléctrica ni petróleo. Ahora lo más importante es llevar el agua hasta el plantón. De no ser así, se pierde nuestro trabajo".

Foto: Nohema Díaz MuñozEs imperioso rescatar el regador perdido.

Es difícil imaginar la destreza con que Basilio Simón Alemán, el otro operador de dragas, manipula una gigantona de varias toneladas de peso, solo con el auxilio de dos palancas e igual número de pedales.

"Las operaciones son complicadas, tanto que me tardé más de un año en aprenderlas. La máquina es dócil cuando la manipulas con certeza, pero si titubeas, si te muestras torpe, no obedece.

"Aquí todos los sistemas funcionan con aire y eso es una ventaja porque gastamos menos portadores energéticos. El combustible es solo para consumo del motor.

"A la hora de la realización del trabajo es importante conocer hasta de topografía. Debemos guiarnos por las balizas que indican la trayectoria a seguir. No es tirar la pala y abrir una zanja. A estos conductos hay que darles la profundidad y el ancho adecuados; si no, el agua no camina, y las pérdidas son muchas.

"Hemos alistado más de 50 kilómetros y no vamos a parar hasta recuperar los casi 120 de canales primarios, secundarios, terciarios y sistemas de riego en estas zonas.

"Pero el logro no es solo de nosotros dos. En la brigada hay un chofer, un operador de buldócer, otro de motoniveladora, mecánicos, el soldador, el de aseguramiento, el jefe de cuadrilla, el cocinero".

En el intercambio salieron a la luz algunas preocupaciones de Santos y Basilio, como la falta de piezas de repuesto. "Luis Santos y Pedro Gil, nuestros mecánicos, comenta Basilio, se vuelven artistas para mantener de alta las dragas. Es engorroso arreglarlas en caso de desperfectos, pero siempre aparecen las soluciones".

Y la otra inquietud es el relevo. Ellos opinan que los jóvenes no quieren aprender a manipular estas máquinas, útiles como ninguna otra en la construcción de sistemas de riego, actividad que cobra fuerza en la provincia avileña en los últimos meses. Ilustra que se ha dado el caso de una de ellas inactiva varios meses por falta de operador.

"Ahora mismo, si uno de los dos se enferma, no existe el relevo y la actividad puede paralizarse. Imagino que suceda lo mismo en muchas otras partes del país. Nadie quiere vincularse a estas gigantonas", apunta Basilio.

EL REGADOR PERDIDO

Las figuras de Benito Valle y Ernesto González apenas se distinguen en el campo. Con el sol fustigando sobre sus cabezas, quizás sean de los pocos que desempeñan un oficio en extinción en los campos cubanos: El regador de agua, ese que la conduce hasta la mata de plátano o el plantón de caña.

Ambos confiesan que es una actividad que casi nadie quiere realizar. "La idea de recuperar el regadío por derivación, comentaron, es muy acertada. Esta red no se explotaba desde hacía mucho tiempo. Ya el año pasado le echamos agua a la caña y se vieron los resultados".

Víctor Diéguez Ogando, jefe de riego en el Grupo Empresarial Agroindustrial de Ciego de Ávila, asegura que ahora la eficiencia en el riego es de aproximadamente el 35 %, superior en más de la mitad a cuando los canales no estaban limpios, ni existían las guías de agua, ni los sistemas internos en los campos, ni los surcos alternos, medidas aplicadas en las casi 2 000 hectáreas que reciben esos beneficios.

Al referirse al regador perdido, explica que se trabaja por recuperarlos, con el objetivo de que cada uno atienda de 1,8 a 2 hectáreas en el caso de la derivación. También hay que dotarlos del equipamiento necesario (capa, linterna, botas) para que desempeñen bien esa función.

Es lógico que así sea, pero la eficiencia en esa actividad será mayor en la medida en que se vincule el hombre al área, sin dejar de tener en cuenta el correcto uso del agua y el rendimiento agrícola, algo que todavía constituye una debilidad.

"Necesitamos muchos como Benito y Ernesto, comenta Diéguez, o regadores como Alberto Ruiz, que si no puede llevar el líquido hasta donde él quiere, se quita las botas, las llena de agua en la zanja y se las echa a la mata".

 

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