Una pequeña cuadrilla de osados, el pasado año, limpió y
reconstruyó más de 35 kilómetros de canales primarios que benefician
áreas pertenecientes a las UBPC Viscusia y Cienfuegos, y a la CPA
Jesús Menéndez, unidades con alto potencial en el cultivo de la
caña.
A los hombres de la brigada de obras ingenieras, adscrita a la
Empresa Provincial de Transporte y Servicios a la Mecanización (TRANZMEC),
les llaman los nómadas de los canales, pese a que las condiciones de
trabajo mejoraron en los últimos tiempos y ya desterraron los
momentos en los que, incluso, se vieron obligados a cocinar en el
fondo de cualquiera de estos ríos artificiales en desuso.
Santos
expresa la preocupación de no tener relevo.
Santos López Rodríguez, con 70 años de edad, siente la emoción de
volver por los mismos lugares donde construyó los sistemas de riego
hace más de dos décadas, como integrante de las entonces brigadas de
drenaje parcelario.
Jubilado, sigue siendo útil en una draga 652, conocida también
como Grand Light, capaz de desarrollar múltiples acciones en
el terreno. Sonriente, afirma: "Es bueno que estemos arreglando los
canales. Estos sistemas de regadío por derivación no emplean ni
corriente eléctrica ni petróleo. Ahora lo más importante es llevar
el agua hasta el plantón. De no ser así, se pierde nuestro trabajo".
Es
imperioso rescatar el regador perdido.
Es difícil imaginar la destreza con que Basilio Simón Alemán, el
otro operador de dragas, manipula una gigantona de varias toneladas
de peso, solo con el auxilio de dos palancas e igual número de
pedales.
"Las operaciones son complicadas, tanto que me tardé más de un
año en aprenderlas. La máquina es dócil cuando la manipulas con
certeza, pero si titubeas, si te muestras torpe, no obedece.
"Aquí todos los sistemas funcionan con aire y eso es una ventaja
porque gastamos menos portadores energéticos. El combustible es solo
para consumo del motor.
"A la hora de la realización del trabajo es importante conocer
hasta de topografía. Debemos guiarnos por las balizas que indican la
trayectoria a seguir. No es tirar la pala y abrir una zanja. A estos
conductos hay que darles la profundidad y el ancho adecuados; si no,
el agua no camina, y las pérdidas son muchas.
"Hemos alistado más de 50 kilómetros y no vamos a parar hasta
recuperar los casi 120 de canales primarios, secundarios, terciarios
y sistemas de riego en estas zonas.
"Pero el logro no es solo de nosotros dos. En la brigada hay un
chofer, un operador de buldócer, otro de motoniveladora, mecánicos,
el soldador, el de aseguramiento, el jefe de cuadrilla, el
cocinero".
En el intercambio salieron a la luz algunas preocupaciones de
Santos y Basilio, como la falta de piezas de repuesto. "Luis Santos
y Pedro Gil, nuestros mecánicos, comenta Basilio, se vuelven
artistas para mantener de alta las dragas. Es engorroso arreglarlas
en caso de desperfectos, pero siempre aparecen las soluciones".
Y la otra inquietud es el relevo. Ellos opinan que los jóvenes no
quieren aprender a manipular estas máquinas, útiles como ninguna
otra en la construcción de sistemas de riego, actividad que cobra
fuerza en la provincia avileña en los últimos meses. Ilustra que se
ha dado el caso de una de ellas inactiva varios meses por falta de
operador.
"Ahora mismo, si uno de los dos se enferma, no existe el relevo y
la actividad puede paralizarse. Imagino que suceda lo mismo en
muchas otras partes del país. Nadie quiere vincularse a estas
gigantonas", apunta Basilio.
Las figuras de Benito Valle y Ernesto González apenas se
distinguen en el campo. Con el sol fustigando sobre sus cabezas,
quizás sean de los pocos que desempeñan un oficio en extinción en
los campos cubanos: El regador de agua, ese que la conduce hasta la
mata de plátano o el plantón de caña.
Ambos confiesan que es una actividad que casi nadie quiere
realizar. "La idea de recuperar el regadío por derivación,
comentaron, es muy acertada. Esta red no se explotaba desde hacía
mucho tiempo. Ya el año pasado le echamos agua a la caña y se vieron
los resultados".
Víctor Diéguez Ogando, jefe de riego en el Grupo Empresarial
Agroindustrial de Ciego de Ávila, asegura que ahora la eficiencia en
el riego es de aproximadamente el 35 %, superior en más de la mitad
a cuando los canales no estaban limpios, ni existían las guías de
agua, ni los sistemas internos en los campos, ni los surcos
alternos, medidas aplicadas en las casi 2 000 hectáreas que reciben
esos beneficios.
Al referirse al regador perdido, explica que se trabaja por
recuperarlos, con el objetivo de que cada uno atienda de 1,8 a 2
hectáreas en el caso de la derivación. También hay que dotarlos del
equipamiento necesario (capa, linterna, botas) para que desempeñen
bien esa función.
Es lógico que así sea, pero la eficiencia en esa actividad será
mayor en la medida en que se vincule el hombre al área, sin dejar de
tener en cuenta el correcto uso del agua y el rendimiento agrícola,
algo que todavía constituye una debilidad.
"Necesitamos muchos como Benito y Ernesto, comenta Diéguez, o
regadores como Alberto Ruiz, que si no puede llevar el líquido hasta
donde él quiere, se quita las botas, las llena de agua en la zanja y
se las echa a la mata".