Los participantes en el Encuentro Nacional de Pueblos Indígenas
en Defensa de la Tierra y la Vida analizarán desde este viernes y
hasta el domingo el impacto de grandes obras para sus comunidades.
Organizada por el Consejo Indigenista Misionario y bajo el lema
Vida y Libertad: pueblos indígenas construyendo el buen vivir, a la
cita asistirán más de 200 delegados, 180 de ellos líderes
aborígenes, reporta Prensa Latina.
A Luziania, en el estado de Goias, asistirán representantes de
comunidades originarias como los kaiapó, arara y juruna, contrarios
a la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte, en el río
Xingú, en el estado de Pará.
También de los pueblo truká, xukuru, pankararu y pipipa,
damnificados por las obras de la transposición del río San
Francisco, cuyo objetivo es llevar agua potable a las zonas
semidesérticas del nordeste brasileño.
Las fuentes del comité organizador precisaron que los tres ejes
de discusión del encuentro son El enfrentamiento a los grandes
proyectos que afectan a las comunidades, La reconquista y la
garantía de los territorios originarios y El proceso de
criminalización de las luchas y de los líderes indígenas.
Esos reclamos están a tono con el documento de la Articulación de
los Pueblos Indígenas de Brasil, entregado a los poderes Ejecutivo y
Legislativo con motivo del Día del Indio Americano, en el cual
exigen acelerar la aplicación de las acciones que aseguren sus
derechos, entre ellos el de opinar sobre los asuntos que los
afecten.
Asimismo, demandan la regularización de sus tierras y el cese de
las hostilidades que dicen sufrir y aseguran ser criminalizados por
agentes del poder público, cuya función -apuntan- es precisamente la
de protegerlos.
En el documento, los aborígenes critican la política oficial
hacia sus comunidades, la cual califican de precaria o nula, al
amenazar la continuidad física y cultural de las diferentes
comunidades.
A los señalamientos de los pueblos indígenas no escapó tampoco la
estatal Fundación Nacional del Indio, que desean cambiar por un
Consejo Nacional de Política Indigenista, órgano llamado a ser una
instancia deliberativa, normativa y articuladora de todas las
acciones vinculadas con los aborígenes.
Los originarios de este país proponen también la creación de una
Política Nacional de Gestión Ambiental y Territorial de Tierras
Indígenas a fin de asegurar la sustentabilidad y la protección de
sus dominios.
Por encima de todo eso, los pueblos originarios exigen la
aprobación del Estatuto de los Pueblos Indígenas, que desde hace 20
años tramita el Congreso Nacional y que ya prácticamente estaría
requerido de algunas modificaciones.