Víctor Casaus, autor de Girón en la memoria

La imaginación, la justicia y la belleza en el vórtice de la creación

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Víctor Casaus (La Habana, 1944) ha hecho del compromiso con atributos tan revolucionarios como la imaginación, la belleza y la justicia el eje fundamental de su trabajo al frente del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y de otras facetas de su fecunda vida intelectual. Los mismos empeños que lo acompañan desde sus años de juventud, cuando escribió Girón en la memoria, una experiencia literaria que recoge los testimonios de varios de los protagonistas de la victoria sobre las tropas invasoras en las arenas de Playa Girón. Cuando se cumple media centuria de la histórica gesta, este poeta, narrador, periodista y cineasta, en entrevista con Granma, repasa los motivos que lo inspiraron para crear aquella valiosa obra, primera mención en el género testimonio del Premio Casa de las Américas en 1970.

—¿Cómo nació la idea del libro?

—"Tuvo dos fuentes complementarias: mi propia experiencia como miliciano de un batallón de infantería, el 112, y mi interés y fascinación por esos elementos que la realidad —la vida— ofrece casi constantemente y que la visión testimonial y documental puede intentar rescatar con sus herramientas y sus lenguajes específicos. Mi vivencia personal no incluyó la participación directa en aquellos combates de abril, porque el batallón al que pertenecía fue una de las unidades que estuvieron cumpliendo otras misiones mientras se mantenían como reserva para enfrentar una segunda incursión invasora, que se preveía como una de las acciones posibles de las fuerzas mercenarias. Pero la experiencia miliciana, tan próxima en el tiempo, me acercaba a un hecho y a una temática que me pertenecían —como a tantos miles de jóvenes de entonces.

"La segunda fuente fue puntual e inició ese proceso maravilloso e impredecible de atisbar, encontrar, profundizar una idea desde el punto de vista literario o artístico. Mientras realizaba trabajos periodísticos en la Isla de la Juventud, en la segunda mitad de la década del 60, asistí casualmente a una de esas conversaciones nocturnas que tantas veces ocurren cuando se reúne un grupo de gente después de una jornada de trabajo. Allí los temas derivaron hacia las anécdotas alrededor de Girón y fue revelándose, poco a poco, que varios de los presentes habían sido testigos o participantes de momentos específicos de aquellos combates."

—¿Cómo recopiló la información que luego agrupó en el volumen?

—"En un proceso paralelo investigué en dos direcciones fundamentales: los testimonios orales de participantes directos (milicianos, miembros del Ejército Rebelde, pilotos¼ ) y la información bibliográfica procedente de libros, revistas y de la propia memoria viva colectiva. Desde la fotografía —integrada, además, de la mano de un personaje-testimoniante: Ernesto Fernández, el primer fotógrafo que llegó al escenario de la guerra— hasta los titulares de prensa, pasando por la visión del enemigo sobre aquellos hechos, son elementos que, junto a otros, contribuyen a ofrecer esa aproximación múltiple y dinámica que el libro propone al lector.

"Por ello me alegraron las opiniones tan autorizadas de aquel jurado de Casa de las Américas que le otorgó a Girón en la memoria la primera mención en el género testimonio en 1970. El presidente del jurado, Raúl Roa —que desde entonces me honrara inmensamente con su amistad y me ayudara de forma decisiva en otros proyectos testimoniales como el libro Pablo: con el filo de la hoja y el documental Pablo— escribió entonces que aquel volumen sobre Girón tenía fuerza y capacidad para sentar pautas, por su estilo propio, en el género testimonial. Y el escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh —que también integraba el jurado junto al mexicano Ricardo Pozas—, todavía con el manuscrito de Girón¼ debajo del brazo, tras la entrega de los premios, me advirtió en tono cómplice: "A mí no me jodés: eso es cine."

¿Qué le pareció que Manuel Herrera tomara como base su obra para el documental Girón?

—"Fue una alegría. Yo había llegado un año antes al ICAIC y dos o tres años después comenzaría mi carrera de documentalista en aquella institución fundadora de tantas cosas en la cultura cubana. Me alegró que Manolito Herrera tomara mi libro como base argumental de su documental Girón, al que agregó personajes (sobre todo de la Ciénaga de Zapata) sobre los que investigó. El documental continúa, por otra parte, felizmente, ese estilo que un maestro poco recordado, Oscar Valdés, había iniciado con fuerza entre nosotros con su obra sobre Guiteras, Vida y muerte en El Morrillo, y que yo mismo incorporaría también, a finales de la década del 70 en mi documental Pablo."

—¿Cómo ve a la luz del tiempo los motivos que lo impulsaron a escribir este título?

—"Creo que en esencia perviven en mi trabajo literario o cinematográfico y en los empeños desarrollados, junto a María Santucho y ese ‘pequeño ejército loco’ del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Los motivos personales (si es que hay motivos que podamos llamar secamente personales) están ahí: los de la época de Girón, pasados por las conmociones, los filtros, las definiciones que los años posteriores trajeron y dejaron, en un proceso de aprender y enseñar que no ha terminado.

"Las aventuras creativas del Centro Pablo, contribuyendo a fortalecer el género testimonial a través de premios y publicaciones de sus Ediciones La Memoria, son reafirmaciones de aquellos motivos que me impulsaron a escribir Girón en la memoria. Es la continuación de la misma guerra con la confluencia fecundante de otros medios imprescindibles: la imaginación, la belleza y la justicia, esa trinidad posible por la que todos y todas podemos y debemos luchar."

 

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