Víctor Casaus (La Habana, 1944) ha hecho del compromiso con
atributos tan revolucionarios como la imaginación, la belleza y la
justicia el eje fundamental de su trabajo al frente del Centro
Cultural Pablo de la Torriente Brau y de otras facetas de su fecunda
vida intelectual. Los mismos empeños que lo acompañan desde sus años
de juventud, cuando escribió Girón en la memoria, una
experiencia literaria que recoge los testimonios de varios de los
protagonistas de la victoria sobre las tropas invasoras en las
arenas de Playa Girón. Cuando se cumple media centuria de la
histórica gesta, este poeta, narrador, periodista y cineasta, en
entrevista con Granma, repasa los motivos que lo inspiraron
para crear aquella valiosa obra, primera mención en el género
testimonio del Premio Casa de las Américas en 1970.
—¿Cómo nació la idea del libro?
—"Tuvo dos fuentes complementarias: mi propia experiencia como
miliciano de un batallón de infantería, el 112, y mi interés y
fascinación por esos elementos que la realidad —la vida— ofrece casi
constantemente y que la visión testimonial y documental puede
intentar rescatar con sus herramientas y sus lenguajes específicos.
Mi vivencia personal no incluyó la participación directa en aquellos
combates de abril, porque el batallón al que pertenecía fue una de
las unidades que estuvieron cumpliendo otras misiones mientras se
mantenían como reserva para enfrentar una segunda incursión
invasora, que se preveía como una de las acciones posibles de las
fuerzas mercenarias. Pero la experiencia miliciana, tan próxima en
el tiempo, me acercaba a un hecho y a una temática que me
pertenecían —como a tantos miles de jóvenes de entonces.
"La segunda fuente fue puntual e inició ese proceso maravilloso e
impredecible de atisbar, encontrar, profundizar una idea desde el
punto de vista literario o artístico. Mientras realizaba trabajos
periodísticos en la Isla de la Juventud, en la segunda mitad de la
década del 60, asistí casualmente a una de esas conversaciones
nocturnas que tantas veces ocurren cuando se reúne un grupo de gente
después de una jornada de trabajo. Allí los temas derivaron hacia
las anécdotas alrededor de Girón y fue revelándose, poco a poco, que
varios de los presentes habían sido testigos o participantes de
momentos específicos de aquellos combates."
—¿Cómo recopiló la información que luego agrupó en el volumen?
—"En un proceso paralelo investigué en dos direcciones
fundamentales: los testimonios orales de participantes directos
(milicianos, miembros del Ejército Rebelde, pilotos¼
) y la información bibliográfica procedente de libros, revistas y de
la propia memoria viva colectiva. Desde la fotografía —integrada,
además, de la mano de un personaje-testimoniante: Ernesto Fernández,
el primer fotógrafo que llegó al escenario de la guerra— hasta los
titulares de prensa, pasando por la visión del enemigo sobre
aquellos hechos, son elementos que, junto a otros, contribuyen a
ofrecer esa aproximación múltiple y dinámica que el libro propone al
lector.
"Por ello me alegraron las opiniones tan autorizadas de aquel
jurado de Casa de las Américas que le otorgó a Girón en la
memoria la primera mención en el género testimonio en 1970. El
presidente del jurado, Raúl Roa —que desde entonces me honrara
inmensamente con su amistad y me ayudara de forma decisiva en otros
proyectos testimoniales como el libro Pablo: con el filo de la
hoja y el documental Pablo— escribió entonces que aquel
volumen sobre Girón tenía fuerza y capacidad para sentar pautas, por
su estilo propio, en el género testimonial. Y el escritor y
periodista argentino Rodolfo Walsh —que también integraba el jurado
junto al mexicano Ricardo Pozas—, todavía con el manuscrito de
Girón¼ debajo del brazo, tras la
entrega de los premios, me advirtió en tono cómplice: "A mí no me
jodés: eso es cine."
—¿Qué le pareció que Manuel Herrera tomara como base su obra
para el documental Girón?
—"Fue una alegría. Yo había llegado un año antes al ICAIC y dos o
tres años después comenzaría mi carrera de documentalista en aquella
institución fundadora de tantas cosas en la cultura cubana. Me
alegró que Manolito Herrera tomara mi libro como base argumental de
su documental Girón, al que agregó personajes (sobre todo de
la Ciénaga de Zapata) sobre los que investigó. El documental
continúa, por otra parte, felizmente, ese estilo que un maestro poco
recordado, Oscar Valdés, había iniciado con fuerza entre nosotros
con su obra sobre Guiteras, Vida y muerte en El Morrillo, y
que yo mismo incorporaría también, a finales de la década del 70 en
mi documental Pablo."
—¿Cómo ve a la luz del tiempo los motivos que lo impulsaron a
escribir este título?
—"Creo que en esencia perviven en mi trabajo literario o
cinematográfico y en los empeños desarrollados, junto a María
Santucho y ese ‘pequeño ejército loco’ del Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau. Los motivos personales (si es que hay motivos que
podamos llamar secamente personales) están ahí: los de la época de
Girón, pasados por las conmociones, los filtros, las definiciones
que los años posteriores trajeron y dejaron, en un proceso de
aprender y enseñar que no ha terminado.
"Las aventuras creativas del Centro Pablo, contribuyendo a
fortalecer el género testimonial a través de premios y publicaciones
de sus Ediciones La Memoria, son reafirmaciones de aquellos motivos
que me impulsaron a escribir Girón en la memoria. Es la
continuación de la misma guerra con la confluencia fecundante de
otros medios imprescindibles: la imaginación, la belleza y la
justicia, esa trinidad posible por la que todos y todas podemos y
debemos luchar."