Los comunicadores estamos situados en la primera línea de la
batalla por la defensa del idioma, de la variante cubana, de nuestro
español, y para ello, debemos mantener un nivel constante de
actualización al respecto, y de observación, sin olvidar que ningún
diccionario lo contiene todo y que las palabras ingresan a los
diccionarios, y muy especialmente a los diccionarios académicos,
cuando han sido santificadas por el uso.
Pero si bien a los comunicadores —y a los docentes— toca una
importante cuota de responsabilidad en este empeño, a cada cubano
corresponde su pedacito en el afán de defender el idioma de todos.
¿Que cómo hablamos los cubanos de hoy? Esa es una pregunta que
muchos se hacen. Pues ni mejor ni peor que el resto de los
hispanohablantes. Eso sí, la calidad de nuestra expresión está en
dependencia no solo de nuestra instrucción, también de nuestra
educación. Por tanto, entre nosotros hay quienes hablan muy bien y
quienes hacen uso de un lenguaje sumamente vulgar.
No siempre se tiene claro que no tenemos que asumir como modelo
el español que se habla en España. Recuerdo que en cierta ocasión,
iba a editar un tabloide de Universidad para Todos y noté que se
reiteraba el uso del término desertización. Cuando conversé con el
autor, le pregunté por qué desertización y no
desertificación, como decimos todos; me respondió que era el
vocablo que aparecía en el Diccionario de la Real Academia
Española (DRAE); por suerte pude convencerlo de que no hay
diccionario capaz de recoger todas las palabras que existen en el
idioma y determinamos emplear en el tabloide la que correspondía a
la variante cubana: desertificación. No mucho después el
término en cuestión fue incorporado al lexicón académico.
En otra oportunidad, otro escritor me insistió en usar liderar
—todos en Cuba decimos liderear— y cedí, simplemente no tuve
las armas necesarias para convencerlo. ¡Cuál no sería mi sorpresa al
descubrir que en el Léxico Mayor de Cuba, de la autoría de
Esteban Rodríguez Herrera, aparecía liderear! Este texto fue
publicado en el año 1959 y está considerado hasta hoy el más
completo estudio publicado del uso del español en Cuba.
Continuamente trato en El español nuestro el tema de la
excesiva presencia de extranjerismos en la realización del idioma y
hablo de "excesiva presencia", porque, en verdad, la pureza
lingüística no existe y todas las lenguas se influyen entre sí y
cambian constantemente.
En un artículo titulado Nuevo diccionario del español. ¿Hablar en
espanglish?, el reconocido intelectual cubano Lisandro Otero
escribió al respecto: "Los idiomas se hacen con enriquecimientos y
añadidos. Ningún idioma ha permanecido jamás en estado puro y las
transfusiones de vocablos de otras lenguas son frecuentes [¼ ]". Y
añadió: "Pero también es necesario velar por cierta pureza [¼ ] El
español, por ejemplo, se ha visto sometido a un bombardeo del inglés
[¼ ] La cultura dominante del país hegemónico, donde se efectúan la
mayor parte de los avances técnicos y los descubrimientos
científicos, puede conducirnos a una servidumbre ilimitada".
Una vez más, están puestas sobre el tapete tres palabras que se
interrelacionan profundamente: idioma, cultura e identidad.
Entre las causas de la "presencia excesiva" del inglés en el
español está la influencia de las nuevas tecnologías, con términos
como software, hardware, hacker, back-up,
resetear, formatear, clickear, escanear¼
y otros tantos, que son parte de ese bombardeo. Sin embargo,
reflexionemos ¿por qué decimos mother board y no tarjeta
madre, chatear y no conversar, e-mail
y no correo electrónico, página web y no ciberpágina?
Desde luego, es nuestra elección, pero también nuestra
responsabilidad.
Y, ¡claro! no todos los préstamos proceden del campo de las
nuevas tecnologías. Del mundo del espectáculo, la música y la
literatura, tenemos cassette, copy right, compact
disk, look, show¼ De la moda y el vestuario: lycra,
jean, blúmer, blazer¼ Y del deporte¼ ¿por qué
comunicadores y aficionados insisten en emplear voces como coach
—en vez de entrenador o preparador—, line-up
—en lugar de alineación— y amateur —por aficionado?
Hoy el sufijo -ing, que no forma parte de los recursos del
español, se extiende por diferentes campos: pensemos en shopping,
casting, dancing, making, marketing¼
La lengua que hablamos nos define como nación y, por ello,
debemos protegerla con la misma pasión con que defendemos nuestra
patria. No se trata de impedir la entrada de extranjerismos, no
olvidemos que nuestro José Martí, ese excelente maestro de la
lengua, afirmaba "[¼ ] crearé lo nuevo cuando sea necesario; no hay
por qué [¼ ] cejar en la tarea de dar palabras nuevas a ideas nuevas
[¼ ]"; se trata de escoger lo necesario, lo útil, lo que enriquece
nuestra lengua, porque el idioma es identidad y es esencia: es una
bandera.