El esclarecimiento de la muerte del ex-presidente Salvador
Allende continúa focalizando la atención en el ámbito político
chileno, en el cual hay coincidencia en evaluar el proceso
indagatorio como un hito en el conocimiento de la verdad histórica.
Para el exdirector de Comunicaciones del Ministerio Público
Lautaro Muñoz, la justicia chilena cumple así con una
responsabilidad de la que no se hizo cargo en septiembre de 1973, en
el contexto del golpe de Estado contra el Gobierno de la Unidad
Popular, reporta Prensa Latina.
Comenta Muñoz que hay un matiz importante no tomado en cuenta en
relación con la versión del suicidio propagada por la Junta Militar
y asumida incluso por la familia del exmandatario y es que la
autopsia de Allende no se hizo en condiciones que aseguren
confiabilidad.
Recordó el especialista que el Poder judicial tenía autoridades
absolutamente comprometidas con los militares, al punto que fue el
expresidente de la Corte Suprema Enrique Urrutia Manzano quien le
puso la banda presidencial a Augusto Pinochet (1973-1990).
La muerte de Allende no fue entonces para la Justicia objeto de
investigación y su cuerpo fue enterrado en el Cementerio Santa Inés,
de Viña del Mar, entre gallos y medianoche, acotó Muñoz.
Agregó que lo verdaderamente trascendente es la certeza de que
Allende muere en el marco de un golpe de Estado particularmente
violento y que instaló un régimen dictatorial.
Está claro que en su muerte hubo terceros, dado el contexto real
de fuerzas militares que atacaron hasta con aviación La Moneda.
Opinó el investigador que si se comprobara que el exdignatario se
suicidó, eso no desmiente el contexto de un edificio en llamas y
sometido al ataque de tropas militares.
Los nuevos resultados que se consigan, cualquiera que estos sean,
no borran algo que ya es verdad histórica: el presidente Allende
muere (ya sea por mano propia o ajena) en un Palacio de La Moneda
bombardeado y sitiado, recalcó.