Zarza al ruedo

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Rafael Zarza ocupa un lugar merecido en la sala de exposiciones transitorias del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Desde que a mediados de los sesenta se hizo notar en grande como grabador en el pionero certamen de la especialidad auspiciado por la Casa de las Américas, codeándose entre los más importantes creadores de estampas de Latinoamérica, fue configurando una marca personal, a partir de la imagen taurina, que le valió para elaborar metáforas diversas de fuerte y sugerente contenido.

Ahora vuelve a saltar al ruedo con una exposición de pintura... donde el toro aparece una y otra vez. Trata de convencernos, y en buena medida lo consigue, de que en el trato con esta expresión artística los resultados que a lo largo de una fructífera carrera ha logrado como grabador, hallan también vías efectivas de comunicación para sembrar las interrogantes que se desprenden del título de la muestra: Universo incomprensible.

En su metier gravita de igual modo su vasta experiencia como diseñador. Así se evidencia en uno de los cuadros más llamativos, El buey rojo, alusión a la fuerza con que ha irrumpido la China de hoy en el escenario mundial.

Su paso por tierras africanas como internacionalista y luego en una estancia como becario en Kenya fecundaron un diálogo entre las visiones raigales del imaginario de ese continente y la simbología occidental.

Los seguidores de su obra deben recordar cómo hace unos años, en la Galería Pequeño Espacio, expuso una serie donde las máscaras rituales imantaban la pupila con una especie de realismo mágico sumamente original.

En estos cuadros de ahora las máscaras sobrepuestas a los ejemplares taurinos se incorporan a los códigos gestuales de un expresionismo contenido, que ofrece múltiples lecturas al espectador.

Entre esas lecturas no dejan de ser interesante el cruzamiento con referencias de la cultura visual occidental, léase Van Gogh, Goya, Rembrandt pero también con el cubano que abrió las compuertas de la fusión transcultural entre tres mundos, el gran Wifredo Lam.

Debe admirarse esta capacidad de Zarza para renovarse siendo idéntico a sí mismo, en esta fiesta de la pintura realizada bajo sólidos fundamentos conceptuales.

 

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