Rafael
Zarza ocupa un lugar merecido en la sala de exposiciones
transitorias del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de
Bellas Artes. Desde que a mediados de los sesenta se hizo notar en
grande como grabador en el pionero certamen de la especialidad
auspiciado por la Casa de las Américas, codeándose entre los más
importantes creadores de estampas de Latinoamérica, fue configurando
una marca personal, a partir de la imagen taurina, que le valió para
elaborar metáforas diversas de fuerte y sugerente contenido.
Ahora vuelve a saltar al ruedo con una exposición de pintura...
donde el toro aparece una y otra vez. Trata de convencernos, y en
buena medida lo consigue, de que en el trato con esta expresión
artística los resultados que a lo largo de una fructífera carrera ha
logrado como grabador, hallan también vías efectivas de comunicación
para sembrar las interrogantes que se desprenden del título de la
muestra: Universo incomprensible.
En su metier gravita de igual modo su vasta experiencia
como diseñador. Así se evidencia en uno de los cuadros más
llamativos, El buey rojo, alusión a la fuerza con que ha
irrumpido la China de hoy en el escenario mundial.
Su paso por tierras africanas como internacionalista y luego en
una estancia como becario en Kenya fecundaron un diálogo entre las
visiones raigales del imaginario de ese continente y la simbología
occidental.
Los seguidores de su obra deben recordar cómo hace unos años, en
la Galería Pequeño Espacio, expuso una serie donde las máscaras
rituales imantaban la pupila con una especie de realismo mágico
sumamente original.
En estos cuadros de ahora las máscaras sobrepuestas a los
ejemplares taurinos se incorporan a los códigos gestuales de un
expresionismo contenido, que ofrece múltiples lecturas al
espectador.
Entre esas lecturas no dejan de ser interesante el cruzamiento
con referencias de la cultura visual occidental, léase Van Gogh,
Goya, Rembrandt pero también con el cubano que abrió las compuertas
de la fusión transcultural entre tres mundos, el gran Wifredo Lam.
Debe admirarse esta capacidad de Zarza para renovarse siendo
idéntico a sí mismo, en esta fiesta de la pintura realizada bajo
sólidos fundamentos conceptuales.