Sus 7 884 habitantes mal viven en moradas de barro y herrumbrosos
techos de zinc, que carecen de las más mínimas condiciones
sanitarias.
Escasea dramáticamente el agua y no existen empleos y mucho menos
luz eléctrica, asistencia médica, escuelas o carreteras. Abundan la
desnutrición, la anemia, el parasitismo intestinal y afecciones de
la piel y del cuero cabelludo.
En estas duras condiciones la epidemia de cólera se propagó allí
a través del agua y alimentos contaminados, e hizo que sus
pobladores perdieran la calma.
Sin embargo, en esa pequeña localidad se aplicaron por primera
vez los grupos de pesquisa activa (GPA), integrados por brigadistas
de la Henry Reeve.
En su Reflexión Noticias del cólera en Haití, del 30 de
noviembre del pasado año, nuestro Comandante en Jefe alertaba sobre
la grave situación creada en Plateau, desde donde llegaban al centro
de tratamiento a cargo de los galenos cubanos en L’Estere numerosos
contagiados en muy malas condiciones, con peligro para sus vidas.
Ante el difícil cuadro la dirección de nuestra Misión Médica
envía un pequeño equipo sanitario con los recursos necesarios para
atender con urgencia los casos en ese poblado, en el cual ya habían
fallecido unas 20 personas, y establece un centro de tratamiento con
todo el equipamiento y los recursos para impedir que las garras del
cólera siguieran provocando más muertes. Exactamente cuatro meses
después los médicos cubanos lograron preservarle la vida a 274
lugareños infectados por el vibrión colérico, que hubieran muerto de
no contar con una atención sanitaria oportuna. "Frenaron" en seco la
transmisión.
Los GPA visitaron a la totalidad de los pobladores de Plateau, a
quienes suministraron tabletas de cloro para el tratamiento del
agua, sales de rehidratación oral para ingerir ante la aparición de
un cuadro diarreico, profilaxis a los contactos y toda la
información sobre las medidas higiénico-sanitarias para evitar la
transmisión de la enfermedad.
Hoy, cuando el cólera comienza a retroceder en Haití, Granma
visita el lugar junto al GPA del hospital de referencia comunitaria
de L’Estere, que integran las doctoras Yoandra Figueredo Taset, de
Granma, la uruguaya Verónica Martínez Morales y el galeno
nicaragüense Jorge Vallecillo Hernández, graduados de la Escuela
Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, la epidemióloga
santiaguera Adelaide Grau Varela y el enfermero tunero Deltor
Rodríguez Mora.
La reacción de los lugareños es otra a pesar de que se mantiene
la misma apabullante pobreza. Se muestran desinhibidos y confiados
ante los médicos cubanos. Desaparecieron los temores de meses atrás
cuando no comprendían por qué morían de diarreas y vómitos.
El doctor Jorge Carr, hoy vicecoordinador de asistencia médica de
nuestra Misión aquí y entonces jefe de la brigada del Artibonite,
recuerda aquellos duros días de incertidumbre, la autorización al
doctor Oscar Fonseca Almaguer de subir a las montañas de Plateau
para atender in situ a los pacientes de cólera o el montaje en solo
tres días del centro de tratamiento de cólera en ese villorrio.
A su vez, la enfermera haitiana Berlande Joseph subraya que los
médicos cubanos tienen mucho coraje, sobresalen por su humanismo y
son capaces de ir a cualquier lugar para brindar asistencia médica.
"La pesquisa así lo demostró", asegura.
Por su parte, el doctor Lorenzo Somarriba, jefe de la Brigada
Médica cubana, destaca que de las múltiples acciones que ejecutan
contra el cólera ha sido la pesquisa, como técnica de la
epidemiología, la que más ha aportado en la prevención, diagnóstico
y en la efectividad de los tratamientos en los enfermos.
"Tenemos 50 GPA, que en los lugares más intrincados de Haití han
pesquisado a 1 673 196 personas, entre los que se detectaron 5 280
enfermos de cólera, que hubieran fallecido en esas apartadas
comunidades de no ser atendidos por esos pequeños grupos móviles",
significa el doctor Somarriba.