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desde Haití
Azúcar con sabor cubano
JUAN
DIEGO NUSA PEÑALVER enviado especial
Según el estudioso cubano Hebert Pérez Concepción, la colonia
francesa de Saint-Domingue, actual República de Haití, fue ejemplo
de empresa esclavista exitosa. A finales del siglo XVIII, en la
entonces próspera colonia existían 800 plantaciones de azúcar, 3 000
de café, 800 de algodón y 2 950 de añil.
De azúcar y café era la mayor productora del mundo. Saint-Domingue
suministraba a Europa la mitad de los productos tropicales que
consumía. La clave de tanta riqueza eran los esclavos africanos,
arrancados por la fuerza de sus tierras ancestrales y vendidos a los
plantadores a fin de que realizaran, como bestias de carga, los
trabajos de cultivo y de molienda.
En
la zafra de este año, el central de la localidad de Darbone espera
moler 60 000 toneladas de caña.
Esa supuesta prosperidad se fue a bolina por obra y gracia del
ensañamiento y bloqueo de los grandes poderes occidentales de
entonces, que castigaron a Haití y la condenaron a la pobreza y el
subdesarrollo por atreverse a tomar en sus manos las riendas de su
destino. Súmese a ello un orden mundial excluyente y una cascada de
letales desastres naturales sufridos por esta nación.
El excanciller y asesor del presidente haitiano René Préval, Jean
Rénald Clérismé, explica a Granma que hubo un cambio en la
economía del país desde los tiempos en que era colonia, cuando
existían numerosos ingenios productores de azúcar a tal punto que
solo quedaron cuatro: uno en Les Cayes, en el Sur, otro en el Norte,
otro en Puerto Príncipe y el del poblado de Darbone en la comuna de
Leogane, estos dos últimos en el departamento Oeste.
Precisamente el único central azucarero que muele actualmente en
Haití es el ingenio Jean Leopold Dominique, de Darbone, 36
kilómetros al suroeste de la capital haitiana, construido por una
empresa italiana a inicios de la década de los 80 del pasado siglo.
Estuvo paralizado durante 15 años y desde el 2000, con el
asesoramiento de azucareros cubanos, produce crudo y sirope para el
mercado local.
UN RETO
Recorrer el central y disfrutar el rico olor a melaza es
transportarnos a nuestros verdes cañaverales dominados por el
silbato de arrancada de los complejos agroindustriales cubanos, hoy
empresas azucareras, y toda una rica tradición de un sector que
llegó a ser la columna vertebral de nuestra economía.
El ingeniero Ramón Ferreiro Díaz, un curtido azucarero de
Ranchuelo, Villa Clara, desde hace dos meses se encuentra al frente
de unos 30 asesores cubanos con la misión de sacar adelante la zafra
haitiana, la número 11.
Los cubanos junto a los trabajadores haitianos arrancaron la
molienda el 13 de marzo y estarán en zafra hasta junio con la meta
de alcanzar una de las mayores producciones del ingenio, 2 000
toneladas de crudo y 7 000 toneladas de sirope, pues a decir del
ingeniero Ferreiro Díaz, tienen este año buen abastecimiento de
caña, unas 60 000 toneladas, gracias a un mayor estímulo a los
productores y macheteros a partir del incremento de los precios de
la materia prima.
Este esfuerzo asegura trabajo y el sustento para 1 000 haitianos
y sus familias en un país, que virtualmente carece de fuentes de
empleo estable, el 80 % de su población vive bajo el umbral de
pobreza y tiene la renta per cápita más baja de todo el Hemisferio
Occidental.
"El presidente Préval me llamó y me dijo que transmitiera nuestro
agradecimiento por esta importante contribución, al Gobierno
cubano", dijo el excanciller Rénald Clérismé, quien recorrió las
áreas del central en compañía de nuestro embajador en Haití, Ricardo
García.
Muchas son las historias, como la de los técnicos habaneros
Manuel Alcaide Cardoso y Arturo Núñez Rodríguez, quienes con su
ingenio echaron a andar un cargador frontal de 22 toneladas parado
por rotura desde hacía cuatro años y que es indispensable en el
suministro de caña a las esteras alimentadoras de los molinos del
central, que produce un azúcar con indudable sabor cubano. |