Así lo dijo a Granma Nicolás Hernández Guillén, presidente
de la Fundación Nicolás Guillén, al dar a conocer el programa
conmemorativo del sexagésimo aniversario de la escritura de El
apellido, uno de las más importantes obras del poeta que se
inserta en el ciclo de sus grandes elegías.
La más amplia difusión entre los lectores de ese poema, del cual
se prepara una edición masiva, pudiera constituir un sensible aporte
a la afirmación de nuestra identidad en estos tiempos, apuntó
Hernández Guillén.
Ángel Augier, quien estudió con lucidez y conocimiento de causa
la producción de Nicolás, observó sobre esta pieza, que el poeta
consideró como una elegía familiar: "Es destilación lírica de la
natural reacción frente a un complejo fenómeno sociohistórico: el
sentimiento profundo —no resentimiento— de un descendiente de
esclavos africanos que indaga por su filiación, su identidad
familiar remota. Puede invocar el patronímico del ascendiente
español, pero la imposibilidad de hacer lo mismo con la otra etnia
de origen le lleva a sentirse mutilado espiritualmente, y pregunta
con angustia por el abuelo mandinga, o congo, o dahomeyano, cuyo
apellido fue robado. (¼ ) Al proclamarse
descendiente de esclavos, el poeta sentencia atrincherado en su
fuerza moral: que se avergüence el amo".
Como se sabe, recordó el presidente de la Fundación Nicolás
Guillén, las Naciones Unidas declararon el 2011 el Año de los
Afrodescendientes. Para los cubanos, precisó, se trata de una agenda
que no debemos desconocer y en la que participamos activamente, pero
no se ajusta por completo a nuestras realidades históricas ni
contemporáneas.
De una parte, no este año, sino el 2012 es el que nos convoca a
dos conmemoraciones mucho más entrañables: el bicentenario de la
rebelión de José Antonio Aponte y el centenario de la masacre de
negros y mestizos a tenor de la insurgencia de los Independientes de
Color.
En otro orden, subrayó Hernández Guillén, el mismo término
afrodescendiente obvia, en el caso cubano, los procesos de mestizaje
étnico y cultural en una sociedad en la que si bien existen y
persisten prejuicios raciales y carencias en torno a la percepción
en la conciencia común de la fase integrativa inaugurada con la toma
revolucionaria del poder, cada vez es más cercana y real la fragua
de ese color cubano por el que abogaba Guillén.
Será pertinente poner de relieve el aporte de los esclavos
africanos y sus descendientes al acervo cultural de la nación desde
su propio surgimiento, como fueron en las letras los casos de
Manzano y Plácido, en la música de White y Brindis de Salas y seguir
las huellas de ese legado.
Junto a la UNEAC, la Fundación prepara un coloquio sobre el tema
a efectuarse los días 26 y 27 de octubre próximo.
Antes de que finalice el año verá la luz una singular edición del
cuerpo íntegro de las elegías, auspiciada por la Universidad de La
Habana. Cada elegía irá acompañada de ilustraciones encargadas a
pintores de la actual vanguardia, y de un estudio crítico solicitado
a prestigiosos ensayistas. Se reproducirá, además, el iluminador
ensayo que Mirta Aguirre escribió sobre Elegía a Jesús Menéndez.
Al mismo tiempo la Fundación invitó a una treintena de artistas a
plasmar imágenes alusivas a El apellido. "Veteranos y
jóvenes; negros, blancos, mulatos, afro, hispano y chino
descendientes; hombres y mujeres, cada uno avalado por la calidad y
el calado de sus respectivas obras, con todos los que hemos hablado
y se han comprometido, estamos seguros de que se hará visible el más
amplio espectro de la creación", aseveró Hernández Guillén.