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La Sierra tomada por la escena
TEXTO Y FOTO: DILBERT REYES RODRÍGUEZ
A
juzgar por la escena, deben ser pocos los grupos que en el ejercicio
artístico son tan naturales como la itinerante Guerrilla de
Teatreros.
Es que a esta sui géneris tropa, lo popular no le va en la
variable intensidad de aplausos ni en la capacidad de llenar lunetas
bajo techo. Es más, tal vez lo popular no sea siquiera una justa
tabla de medida para la gran obra que por estos días cumple 20 años;
aunque sin dudas lo sería si toda Cuba fuera un lomerío intrincado.
Por eso es mejor valorar su arte en lo natural, como mismo son
los escenarios habituales de la Sierra Maestra: a la sombra de
jagüeyes y yagrumas, entre ríos y cafetos, y a cientos de metros
sobre el mar.
La Guerrilla de Teatreros, de la provincia de Granma, escogió
esas preferencias desde su nacimiento, cuando un soñador llamado
René Reyes decidió, con dosis de cultura, ayudar a amortiguar en la
montaña los apretones económicos de los noventa.
"¿Estás loco? ¿Te vas a alzar en medio de esta situación? Fue eso
lo que más me dijeron. Y es cierto, fue un arrebato de locura, pero
una locura conciente, sin sospechas de que iba a trascender",
confiesa René, director general.
"Sabíamos que sería una vida difícil, pero no exigiríamos
condiciones en medio de la angustia económica que ayudamos a
mitigar. Entonces anduvimos mucho a pie, con poca comida, a veces la
ropa empapada por la lluvia¼ y aún con
deseos de hacer arte para los campesinos.
"A esas ganas, y al no rendirnos nunca, debemos la supervivencia
del grupo y el poder contar ahora 20 años de cultura itinerante.
Precisamente en esa cualidad de caminante, dice René, y en el
modo tan particular de concebir el arte comunitario, radican las
diferencias con otros proyectos de teatro en el país.
"No exigimos otro espacio sino el de actuar. Dormimos en casas de
campaña; cocinamos al aire libre nuestra propia comida y hasta
hacemos oficios que estrechan las relaciones con la comunidad.
"Por ejemplo, uno de los artistas es médico y fuera de la función
ofrece consultas; hay actores barberos y actrices manicuris; somos
activos promotores de la salud, de la higiene, de la conducta
antidrogas, de la prevención de infecciones sexuales. Pero algo
mejor nos distingue: aquí no hay estrellas, todos somos necesarios y
artistas imprescindibles", concluye René.
ESCUELA Y FAMILIA
Además de la palabra familia, que defienden los más de 40
miembros de la Guerrilla, los jóvenes actores Ariel Hernández y
Yamisleidis Reyes definen la agrupación como escuela y sacrificio.
"La escuela está, primero, en lo aprendido como arte puro, en la
práctica de casi todas sus expresiones: danza, teatro, guiñol,
magia, música, más reciente el clown y hasta la literatura", apunta
Ariel.
"Luego está el crecimiento humano que logramos en la Sierra.
Somos el artista que satisface la espiritualidad del montañés, y a
la vez el trasmisor de sus necesidades y urgencias."
Yamisleidis también habla del número de veces que, ante decisores
insensibles, inventores de obstáculos y desatenciones, se
preguntaron: ¿vale la pena el sacrificio?
"Pero llega la noche y vemos el desespero infantil, los adultos
de ojos ansiosos por ver algo nuevo, el público que siempre pide
más, y entonces aparece la respuesta: ¡sí que vale la pena!"
Por lo demás, ni cuestionar la calidad del espectáculo, el alto
vuelo artístico e interpretativo, inalterables aunque sean decenas
las presentaciones que día tras día, y pasando de un caserío a otro,
ocupan cada recorrido anual por la intrincada Maestra.
Con sobrada razón ostentan el Premio Internacional "Somos
Patrimonio" (Colombia 2003) y una veintena de reconocimientos
nacionales y foráneos, que avalan el arte natural y genuino.
Por eso van a graduarse con ellos, a sus predios del monte, y a
crecer como humanos, artistas de otras compañías de Cuba y el mundo.
Y también por eso, la Guerrilla no se cansa de alzarse cada año,
menos en este aniversario 20, porque sabe que los mejores invitados
de su fiesta, habitan y esperan en los picachos empinados de la
Sierra. |