Una madre de Michigan drogaba a su hijo para lucrar

ALFONSO NACIANCENO

Desde ese inolvidable instante cuando una mujer conoce que lleva en su vientre a un hijo, nace una relación bella, y al mismo tiempo la progenitora asume una insustiuible responsabilidad: guiar al pequeño por la vida, aun más allá del momento en que aquel a quien ha visto crecer día tras día, toma las riendas de su propio andar.

La madre es amor, bondad, acicate, comprensión, refugio, humildad. De ella nunca vendrá el rechazo, tampoco la traición, y mucho menos podrá concebirse que utilice a uno o más de sus hijos para lucrar apoyada en una sucia mentira.

Esta semana, Carol Schnuphase, de 47 años y con residencia en Michigan, Estados Unidos, fue hallada culpable de estafarle miles de dólares a donadores al drogar a su niño de 12 años de edad para hacer creer que estaba enfermo de cáncer. La fiscalía aseguró que en un hospital se le hicieron análisis al infante (ya cumplió 13 años) y certificó que padecía de abstinencia opiácea.

Si deleznable aparece ante los ojos de este mundo tal proceder, también es reprobable la actitud del juez Richard Caretti, quien solo impuso la sentencia de un año de prisión a Carol, por lo que sus familiares se quejaron de que había sido poco severo. Un mes atrás la acusada no respondió a los cargos de abuso infantil en segundo grado y de actuar bajo pretensiones falsas.

Aun con estas agravantes, el breve discurso de Caretti al intentar caracterizar la infamia fue bien pálido: "Decirle a un niño vulnerable e indefenso que está muriendo de cáncer para su propio lucro va casi más allá de la capacidad de comprensión".

La mujer, que por su fechoría recibió 7 500 dólares de las recaudaciones de una iglesia, además de otros aportes en dinero y regalos, ofreció disculpas ante el juez al saber que pasaría 12 meses tras las rejas en el condado de Macomb y no en un centro de reclusión estatal. Para pretender justificarse, dijo haber actuado así tras la muerte súbita de su esposo y quedar sin empleo.

Solo al final del juicio, Lorraine Kelsch, una tía de la procesada, lanzó la nota más alta al afirmar: "Mi reacción es de repugnancia; la sentencia es una basura".

 

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