Peace & Love

Notas de un festival

MICHEL HERNÁNDEZ

El lapso fue apenas de dos noches. Pero en ese tiempo los organizadores de la edición cubana del festival Peace and Love, encabezados por el músico X Alfonso y su proyecto Fábrica de Arte, se montaron una fiesta a lo grande, repartida entre viernes y sábado, que tuvo como banda sonora a cuatro agrupaciones escandinavas e igual número de alineaciones locales.

foto: IVÁN SOCACarlos Varela y Diana Fuentes.

El encuentro, inaugurado por el cantautor Silvio Rodríguez, unificó con imaginación y coherencia un amplio cúmulo de sonoridades y estilos; articuló distintas manifestaciones artísticas como danzas de fuego y performances del grupo Gigantería, que contribuyeron a dinamizar el diseño de los espectáculos, así como acciones medioambientales que respondieron al interés de sus promotores por crear conciencia ecológica.

Una especie de "festival verde" en la que la novedad la pusieron las cuatro bandas suecas programadas en el cartel: Looptroop Rockers, Familjen, Timbuktu and Damn, y The Baboon Show. Una selección europea que actuó como si jugara de local y permitió ver a grandes rasgos lo que acontece en la escena sueca. Y, en verdad, si sacamos conclusiones a partir de sus shows, se trata realmente de una escena creativa, variada y de envergadura. Dos de las escuderías europeas que vencieron por goleada en la cancha cubana fueron Timbuktu and Damn y The Baboon Show. Esta última, dueña de una sonoridad que bebe de las esencias de fundadores del punk como Los Ramones y Sex Pistols, ofreció un concierto a base de excitantes ritmos, derroche de energía escénica, guitarras contundentes y un espíritu crítico que hizo patente que el punk todavía tiene mucho que decir.

Timbuktu and Damn, por su parte, confirmó en vivo que su mezcla estilística parece hecha a la medida de las inquietudes de los espectadores que ven en la música un camino de libertad creativa que hace estallar en mil pedazos cualquier camisa de fuerza. Y los cientos de jóvenes que se colocaron bajo las luces del escenario hicieron ver que en Cuba también hay quienes bailan como posesos con una música concebida a partir de la hibridación de estilos de diverso signo. Por cierto, si de bailar desenfrenadamente se trata, no se puede pasar por alto la labor de esos incansables trabajadores del espectáculo que son los Djs de la escena insular. Especialmente la de artífices sonoros como DJ Joy de Cuba, que se hizo acompañar por su colega de armas, Kike Wolf y por artistas visuales como Vj Delta.

Quienes asistieron a los Jardines de La Tropical tampoco perdieron un segundo de los conciertos de los músicos del patio. Tras aterrizar en La Habana en la madrugada del propio viernes, Silvio no dudó en subir al escenario esa misma noche para interpretar una selección de sus canciones de batalla como Sueño con serpientes. Más tarde, Zeus, como dios manda, brindó un set de precisión milimétrica y con una contundente sonoridad que pegó duro en el público, como un gancho directo al estómago.

Hipnosis, liderada por la vocalista y bajista Fanny Tachín, no fue menos. La cantante, otrora especialista en artes marciales, se ha lanzado a reeditar en la arena del rock lo que hizo antes en la del karate, un deporte en el que alcanzó, entre otros lauros, el título en los juegos Panamericos de la Habana 91 y en los Centroamericanos de Maracaibo 98. ¡Y vaya si lo ha logrado!

En la otra carpa Carlos Varela y X Alfonso colocaron otro ladrillo a su leyenda –mediante dos presentaciones que tuvieron el brillo de sus conciertos más sonados— para alentar un proyecto que debería repetirse cada año; convocar igualmente a artistas de otros géneros como el rap, y quizás, por qué no, realizarse también en otros espacios más céntricos. Todo ello a fin de que el público pueda escuchar lo que tienen que decir las propuestas de los artistas foráneos y los de la escena cubana contemporánea. Que no es poco.

 

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