Hay
imágenes que no necesitan ni el más leve comentario. He aquí una de
ellas: la de un hermoso aunque inclinado sembrado de col. Fue
captada hace apenas unos días, desde un camión, en la abrupta
geografía de Cumanayagua, provincia de Cienfuegos.
Al contemplarla salta a la vista una deducción: Si, desafiando la
rocosa falda de la montaña, el campesino ha logrado ese hermoso
campo de coles en tan reducido espacio, ¿qué justificación tienen
entonces todos esos productores, estatales y privados, cuyas áreas
siguen siendo pasto abierto del marabú, distan de rendimientos
loables o no tributan ni un repollo en todo el año?
Sea pues, esta sencilla instantánea, reverencia al propietario de
tan productivo "conuco", aliento para quienes afincan sus manos
sobre la tierra y lección para sacudir la pereza y el pesimismo.