Fanon se levanta en el siglo XXI

PEDRO DE LA HOZ

Lector insaciable, lúcido observador de cuanto podría ser útil para nutrir la práctica revolucionaria antiimperialista, Che Guevara encontró a inicios de los 60 Los condenados de la tierra y sugirió su publicación en la Isla. El guerrillero internacionalista valoró en el texto de Frantz Fanon un pensamiento original que merecía ser difundido.

Frantz Fanon (1925 – 1961).

Los condenados¼ vio la luz en Cuba en 1963. Fanon había muerto dos años antes en un hospital norteamericano víctima de leucemia y aquel era su libro póstumo. El polémico prólogo que firmó Jean Paul Sastre para la edición príncipe le otorgaba un notorio aval intelectual. Pero por sí mismo Los condenados¼ se presentaba como un testimonio de radicales resonancias escrito por un hombre que había nacido en Martinica, combatido en la Segunda Guerra Mundial con la Resistencia francesa, graduado de Medicina y especializado en Psiquiatría, ejercido como tal en Argelia y sumado a las misiones clandestinas del Frente de la Liberación Nacional en ese país norafricano.

Antes, en 1952, durante su estadía en Francia, concibió un ensayo que tuvo una honda repercusión, Piel negra, máscaras blancas. Los lectores cubanos en general, y de modo muy particular los medios intelectuales, recibieron con interés su publicación en 1968. El contexto no podía ser más propicio: dos años atrás La Habana había sido escenario de la Conferencia Tricontinental, el ejemplo del Che se expandía como paradigma de luchador revolucionario y de una nueva ética, y en Vietnam se libraba una batalla contra el imperialismo norteamericano en la que se sentían representados los pueblos del Tercer Mundo.

Al irrumpir la segunda década de este siglo, Piel negra, máscaras blancas vuelve a circular entre nosotros por iniciativa del Centro Martin Luther King Jr. y su editorial Caminos. Tras su presentación inicial en la reciente Feria del Libro, este último fin de semana fue relanzado en el Centro Dulce María Loynaz, de la capital, en un acto en el que intervinieron el ensayista Roberto Zurbano, autor del prólogo de la edición, y el sociólogo Aurelio Alonso.

Ambos alentaron a los nuevos lectores a desentrañar las claves del pensamiento fanoniano y articular sus hallazgos a las impostergables tareas emancipatorias de nuestros tiempos. Porque si bien el mundo no es el mismo de la medianía de la pasada centuria, los retos de la descolonización cultural y mental se yerguen con mayor agudeza en una época donde los agresivos ímpetus imperiales y la manipulación mediática que suelen acompañar a estos tienden a confundir, paralizar, intervenir, limar y diluir los reclamos de justicia social de las mayorías.

Ciertamente, como apuntó Zurbano, "Piel negra, máscaras blancas es el desmontaje psicoanalítico e ideológico del racismo: sus argumentos están sustentados en las grandes discusiones que atravesaban las diversas tendencias del psicoanálisis freudiano-lacaniano y su relación con el marxismo". Pero una lectura atenta y abierta conduce a una espiral superior: de la explicación y la crítica al racismo, Fanon deriva hacia una explicación y crítica a la hegemonía ideológica y cultural del modo de producción capitalista, válido para su etapa imperialista y de plena actualidad en las condiciones de su expansión global. Y, mucho más importante, de la crítica, Fanon extrae consecuencias prácticas para la acción revolucionaria.

Alonso consideró a Fanon una fuente imprescindible para la reactualización del marxismo. Recordó cómo fue de los primeros en darse cuenta que la contradicción fundamental del tiempo que le tocó vivir no era entre el Este y el Oeste —tal como se pretendía visualizar en las coordenadas de la Guerra Fría—, sino entre el Norte y el Sur, como se ha probado ya. También advirtió premonitoriamente cómo la colonización persistía en el imaginario, la conducta y las prácticas culturales de los colonizados —y en los aviesos mecanismos de dominación de los centros hegemónicos del poder— aun mucho después de conseguidos la independencia política, el reconocimiento de los derechos civiles y las libertades formales.

Con tales argumentos, Fanon está en la pelea. Como Gramsci y el Che, Malcolm X y Ho Chi Minh. Y nuestro Fidel.

 

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