Y justamente para rescatar tradiciones y como fuente de empleo
nace en 1986, por idea de Vilma Espín, el Centro de Desarrollo
Artesanal Industrial Quitrín. Desde entonces las artes
manuales tendrían aquí un espacio privilegiado para desarrollar los
más atractivos conjuntos en los que se conjugan las tradiciones
cubanas en el vestir con refrescantes y modernos diseños.
Acogedor y funcional resulta su inmueble marcado con el No. 163
en la calle Obispo, esquina a San Ignacio, en el Centro Histórico de
La Habana Vieja. Sus vidrieras exhiben prendas de incuestionable
belleza que atraen al caminante. Pero nadie imagina que detrás de
los salones de ventas provistos de vestuario para toda la familia,
ajuares para el hogar y accesorios, también talleres, jardines,
salones y áreas expositivas forman parte del Centro.
En 1986 la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas
(FMC), con el apoyo del Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo
de la Mujer (UNIFEM), organizaron este proyecto, en el que cada día
aumenta el número de mujeres (sobre todo jóvenes), que traspasan su
umbral interesadas en aprender las artes manuales que dominaban las
abuelas y que en muchos lugares se fueron olvidando con el tiempo.
Es por ello que, desde su creación, el 16 de marzo de 1986, cada
una de las féminas que forma parte de esta institución, se propuso
enseñar sus secretos y habilidades en la costura y el tejido, a
cuantas personas lo deseen, sin distinción de sexo o edad.
Aquí la fuerza de trabajo es mayoritariamente femenina (más de 80
mujeres) que distingue a la marca Quitrín con una línea de
diseño y un estilo particular. Desde 1997 el Centro tiene estatus de
empresa lo que permitió la ampliación del proyecto y abrir un centro
en Santiago de Cuba y una tienda en Varadero.
Afanosas costureras, unas artífices y experimentadas, aprendices
otras, creadoras todas, permanecen en las naves de trabajo con la
vista fija en cada puntada y atentas al más mínimo detalle para
garantizar la producción industrial, conocida en el mercado nacional
con la marca Quitrín; y en amplios y silenciosos salones de
entrenamiento, alumnas de diversas edades se balancean en comadritas
(sillones de principios de siglo), mientras reciben clases.
"Enseñamos el arte de manualidades que prevalecieron en el vestir
cubano siglos atrás, como el miñardí, frivolité y crochet, los
deshilados, bordados a mano, sin faltar labores de corte y costura y
la confección de carteras", explica Oneida Reyes, al frente de este
proyecto en el cual, durante estos 25 años, se han graduado más de 6
000 mujeres.
La también fundadora de Quitrín habla de la validez de
estos cursos organizados tres veces en el año, por un módico precio
de 60 pesos en moneda nacional y a través de los cuales, lo mismo
hombres que mujeres, tienen la oportunidad de formarse como
artesanos.
Mientras las experimentadas instructoras Leydi Echenique, Idalmis
Fornaris y Xiomara Acosta, enseñan con destreza, paciencia y
profesionalidad; las alumnas, sin dejar de medir, cortar, coser o
tejer, comentan lo aprendido.
"La mayoría llegamos sin saber nada", asegura Bárbara Angulo,
trabajadora en el Café París, que además estudia bordado, corte y
costura con el único propósito de dominar esas habilidades. Igual lo
hace Mayber Valdés.
Sin embargo, Gloria María Cabrera y Grisell Curbelo, al conocer
la convocatoria, pensaron en comenzar a trabajar como costureras en
la nueva modalidad de trabajador por cuenta propia. Y otras, muy
jóvenes, como Yiselis Noriega, de 19 años y Sulem Hernández, de 16,
estudian la técnica de crochet y quieren iniciar otras modalidades
que también les serán útiles para la vida.
Al frente de sus producciones están reconocidas especialistas en
el arte del diseño como Nadia González, ahora subdirectora técnico
productiva de Quitrín, quien nos confirma una vez más que en
cada proyecto hay una mezcla de lo tradicional con la moda, no solo
en la producción industrial, sino también en el servicio de atelier,
donde las piezas se confeccionan a gusto de los clientes, pero
respetando la tradición.
"Aunque empleamos máquinas industriales, la maestría, destreza y
delicadeza de las manos femeninas es fundamental para lograr la
exclusividad que los identifica en cuanto a diseño, calidad y
cubanía, elementos decisivos en la comercialización", explica Nadia
El trabajo de alforzas sobre tejido de algodón blanco, en la
típica guayabera cubana, la clásica bata y la blusa de señora,
producciones que permanecen en la preferencia de los clientes tanto
cubanos como extranjeros, marcan la diferencia de Quitrín,
avalada por premios y reconocimientos en Ferias y Salones nacionales
e internacionales.
Para este colectivo amante de la buena costura, el mayor
reconocimiento está en la visita de quienes allí acuden convencidos
de que en Quitrín respetan la tradición y van siempre a la
moda.