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Antillana de Acero
Desandando un coloso
Yudy Castro Morales
yudy@granma.cip.cu
Debe resultar impresionante, incluso para quienes constituye una
rutina diaria, presenciar la obtención del acero. Sin embargo,
asombra la serenidad de operarios como Larry Lugo. A este auxiliar
de fundición, después de cinco años en Antillana de Acero, los
chispazos de luz, el ruido ensordecedor cuando se vierte la chatarra
y el calor, que en el interior del horno puede ser de 1 650 grados,
no le parecen tan sorprendentes.
La reposición de
las partes enfriables del horno y la incorporación de otra grúa
deben disminuir considerablemente las roturas.
Tampoco a Néstor Sánchez, director de la Unidad Empresarial de
Base de Acería, le inquieta la vorágine del coloso. Las averías y la
falta de materias primas, problemas que en el 2010 provocaron el
incumplimiento del plan de Antillana en un 14%, sí alteran su
biorritmo.
Este déficit, explica Gerardo Cárdenas, jefe del Departamento de
Tecnología, no signó de modo negativo las entregas pactadas con los
organismos nacionales, pero sí dañó las exportaciones, las cuales
decrecieron en un 9 %.
Afortunadamente, según Néstor Sánchez, la Acería ha arrancado en
mejores condiciones este año. "La reposición de las partes
enfriables del horno y la incorporación de otra grúa deben disminuir
considerablemente las roturas y, por consiguiente, aumentar la
estabilidad del proceso productivo", añade.
El uso de la
energía química en el horno eléctrico, y el empleo de la lanza
supersónica permitieron, en el 2010, un ahorro de 25 kiloWatts por
cada tonelada de acero líquido.
Si se mantuviera el ritmo actual, podríamos llegar sin muchos
contratiempos a las 15 689 toneladas de acero previstas para marzo,
dice, mientras reconoce las 31 toneladas dejadas de producir en
febrero. Situación que enciende la alerta, pues de reiterarse se
afectaría el cumplimiento anual, y como ya se ha insistido, el plan
es un compromiso sagrado.
Más allá del complejo estado de la maquinaria, también el
insuficiente abasto de chatarra preocupa a los directivos. Aunque de
noviembre a la fecha han contado con un suministro estable y la
fábrica prevé reutilizar unas 20 000 toneladas en el año, la demanda
de las siderúrgicas supera las posibilidades actuales de reciclaje
de la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas.
De ampliarse la capacidad productiva de Antillana, propósito que
ya forma parte de la proyección estratégica del Ministerio de la
Industria Sideromecánica, cuánto no habría que perfeccionar para ser
consecuentes con tales incrementos. Incluso hoy, el horno diseñado
para 500 000 toneladas de acero al año, apenas funciona al 40 %.
Refiere Gerardo Cárdenas que entre los programas de desarrollo
figura la diversificación de los derivados del acero, donde destaca
la fabricación de angulares y planchuelas. Ojalá cada uno de estos
empeños, unido al mejoramiento de la calidad de productos como el
alambrón, integren la lista de prioridades. Mucho ahorrarían el
país, y hasta las empresas del propio Ministerio, precisadas a
recurrir a las engorrosas y costosas importaciones.
Apuntes
de eficiencia energética
Antillana consume aproximadamente en un día el equivalente al
gasto energético de 1 500 casas en un mes. De ahí la rigurosidad con
que a diario se chequea el manejo óptimo de la energía.
De mantener el
ritmo actual, podríamos llegar sin muchos contratiempos a las 15 689
toneladas de acero previstas para marzo, asegura Néstor Sánchez.
Marcos Durán, especialista energético del coloso metalúrgico,
afirma que el 2010 cerró con indicadores de eficiencia superiores a
los obtenidos en periodos precedentes.
Antes, la fábrica empleaba en el ciclo productivo dos hornos
cuchara y dos por arco eléctrico, y tres máquinas de colada
continua. Hoy, luego de un redimensionamiento de las capacidades
fabriles, se labora con un solo equipo de cada modelo, lo que
garantiza mayor eficiencia y menos gasto de energía.
También la supervisión constante del plan de ahorro previsto para
cada área y la disminución de las pérdidas, provocadas por la
inestabilidad de la producción, han reportado considerables
beneficios.
Pero sin duda, los resultados más significativos provienen del
incremento del uso de la energía química en el horno eléctrico y del
rescate de la lanza supersónica (instrumento mediante el cual se
inyecta oxígeno y carbono al interior del horno). Aduce el tecnólogo
Sergio Teillagorry que gracias al empleo de ese aditamento, en el
2010 se obtuvo un ahorro de 25 kiloWatts por cada tonelada de acero
líquido.
Si como afirman los especialistas, la producción de ese metal
deviene exponente del desarrollo industrial de un país, aún
permanecen camufladas muchas reservas en la acería, cuyo eficaz
aprovechamiento la convertiría en un genuino medidor. De nuevo
Antillana tiene un gran reto. |