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La gira de Obama:
¿El reciclaje de la Alianza sin Progreso?
Abel
González Santamaría y Rafael González Morales
Mañana
comenzará la primera gira del presidente Barack Obama por América
Latina y el Caribe desde que asumió la Casa Blanca, coincidentemente
cuando se cumplen 50 años del lanzamiento de la "Alianza para el
Progreso" por el gobierno de Kennedy.
El periplo fue anunciado el pasado 25 de enero durante su
discurso sobre el Estado de la Unión, al afirmar: "En marzo, viajaré
a Brasil, Chile y El Salvador para forjar nuevas alianzas en todo el
continente americano".
Este pronunciamiento ha generado reacciones que van desde
crecientes expectativas, hasta la duda respecto a sus verdaderas
intenciones. Recordemos que el mandatario, en la V Cumbre de las
Américas en Trinidad y Tobago en el 2009, expresó: "Yo no vine a
discutir sobre el pasado sino para pensar en el futuro (¼
) como vecinos tenemos la responsabilidad de confiar entre
nosotros". Ante estas palabras cabría preguntarse: ¿Por qué los
pueblos latinoamericanos y caribeños deben seguir confiando en su
vecino del norte después de dos siglos de políticas de expoliación y
agresiones? ¿Contemplarán cambios de fondo estas "nuevas alianzas" o
será solo una retórica cautivadora cargada de promesas?
La Hoja de Ruta hemisférica:
desde la "gran estafa de la Alianza sin Progreso" hasta la Doctrina
Bush.
El origen de las alianzas hemisféricas se originó al finalizar la
Segunda Guerra Mundial. El 26 de julio de 1947, el presidente Truman
firma la Ley de Seguridad Nacional que estableció la creación del
Consejo de Seguridad Nacional, la CIA y la Secretaría de Defensa.
Con esta tríada, Washington contaba con un diseño que le permitió
crear un sistema de alianzas militares a escala global. Concebido
como un "laboratorio político-militar", su aplicación experimental
se inició por América Latina con la adopción del Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), el 2 de septiembre de
1947. Dos años más tarde crearon la principal alianza imperialista:
la OTAN.
A partir de ese periodo, la CIA comenzó su protagonismo dentro
del sistema de alianzas y desempeñó un rol desestabilizador en la
región, al orientársele en 1948, por el Consejo de Seguridad
Nacional, la creación de un departamento de operaciones encubiertas.
De esa forma se institucionalizó de manera organizada y planificada
la subversión, planes de atentado y los golpes de Estado en nuestra
área.
Como parte de esos propósitos, pero enmascarado con un enfoque
político, el 13 de marzo de 1961, el presidente Kennedy realizó un
llamado "a todos los pueblos del hemisferio para que nos unamos en
una Alianza para el Progreso (¼ ) sin
paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos, a fin de
satisfacer las necesidades fundamentales de techo, trabajo, tierra,
salud y escuelas". Entre sus "nobles propósitos" estuvo la
aprobación de la invasión mercenaria por Playa Girón, donde
recibieron su primera gran derrota en América.
Ante tanta impotencia, Estados Unidos aumentó sus esfuerzos para
destruir la Revolución cubana y contrarrestar su influencia en la
región. En agosto de 1961, oficializan en la OEA la engañosa
"Alianza para el Progreso" que contemplaba la transferencia de 20
000 millones de dólares en diez años a los países latinoamericanos.
Curiosamente, en abril de 1959 el Comandante en Jefe Fidel Castro
Ruz, en la Conferencia Económica de los 21, en Buenos Aires, expresó
que el desarrollo económico de América Latina necesitaba un
financiamiento de 30 000 millones de dólares en un plazo de diez
años. Paradójicamente, el jefe de la delegación estadounidense
señaló: "No comentaré esa petición" y Washington calificó la
propuesta de "ridícula y demagógica". Dos años después Kennedy se
robó esa iniciativa.
Durante la década del 60 y para garantizar el éxito de la
Alianza, según confesiones de Tom Polgar, jefe de Departamento de la
CIA, la Agencia estaba "respaldando a los líderes de 11 países
latinoamericanos". Agrega que "una vez en el poder un gobierno
amistoso, el jefe de estación de la CIA tenía cinco caminos para
mantener la influencia sobre los líderes extranjeros: convertirse en
su servicio de inteligencia exterior; elaborarles un resumen semanal
amañado; entregarles dinero y garantizarles armas; darles
entrenamiento y unas vacaciones en Washington".
En 1963 le cambian el nombre al "Centro de Adiestramiento
Latinoamericano del Ejército de Estados Unidos", radicado en Panamá
desde 1946, por "Escuela de las Américas", conocida también como la
"Escuela de Asesinos". A los programas de estudio le incorporan
técnicas de combate, de comando, inteligencia militar y tortura. La
mayoría de sus graduados aplicaron en sus países los conocimientos
aprendidos, en golpes de Estado e instauración de dictaduras
militares. Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados,
asesinados y desaparecidos por oficiales entrenados en esa Escuela.
A pesar de los esfuerzos y de recurrir a diversos métodos
terroristas que continuó la administración Johnson, Estados Unidos
fracasó con su engañosa "Alianza para el Progreso". Según consta en
los documentos de la OEA, "desgraciadamente, en 1967 no se logró una
visión de libre comercio al sur de los Estados Unidos en el
Hemisferio y el plan de desarrollo nunca se implementó en su
totalidad".
Durante toda la Guerra Fría, la construcción de alianzas continuó
con las sucesivas administraciones. Desde la Operación Cóndor y el
militarismo de los Documentos Santa Fé de Reagan, se mantuvieron los
mismos objetivos de dominio contra nuestra región. Después de la
caída del campo socialista, el presidente Clinton lanzó, en 1994 en
Miami, el ALCA, un símbolo del "libre comercio" que fue derrotado en
la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en el 2005. La
administración Bush continuó con la agenda militarista reflejada en
el Plan Mérida y la reactivación de la IV Flota.
Obama en su laberinto de
forjar una Alianza "Inteligente"
La actual administración intenta presentar una "nueva Alianza"
basada en su concepción del "Poder Inteligente", que combina el uso
del poderío militar y la coerción económica con la capacidad de
persuadir y convencer utilizando las transnacionales de la
comunicación, la promoción del modo de vida norteamericano y la
asistencia exterior. Es decir, lo que tradicionalmente nos han
aplicado según sus intereses del momento: el garrote y la zanahoria.
Por lo tanto, atrapado en su propio laberinto, a Obama no le
queda más remedio que promover una Alianza "Inteligente" reciclando
viejos componentes. Según el vocero de la Casa Blanca, la gira del
mandatario estadounidense abordará temas como "la prosperidad
económica, la creación de empleos a través del incremento del
comercio, los valores compartidos y la cooperación en materia de
energía y seguridad".
Nadie podría negar que analizar estos temas es una cuestión de
primer orden y su formulación resulta atractiva como lo fue la
engañosa "Alianza para el Progreso". Más allá de analizar la real
voluntad política de Washington de avanzar hacia una relación
diferente con Nuestra América, debemos preguntarnos en qué medida
Obama ha modificado los mecanismos que sustentan el sistema de
dominación hemisférica.
Hasta el momento, el actual gobierno estadounidense mantiene los
mismos intereses estratégicos de sus antecesores sobre América
Latina y el Caribe, dirigidos a mantener el acceso y control sobre
los recursos naturales, el acceso a las fuentes primarias de
energía, el dominio de los mercados, la preservación del sistema de
colonización ideológico cultural y la contención de los procesos
revolucionarios que pretendan desafiar las bases fundamentales de su
hegemonía. Mantiene intacto el bloqueo económico, comercial y
financiero contra Cuba; continúa la hostilidad contra la República
Bolivariana de Venezuela; legitimó el golpe de Estado en Honduras e
instalan siete bases militares en Colombia.
La única manera creíble de comenzar a forjar nuevas alianzas es
iniciar el desmontaje del sistema de dominación hemisférica, de lo
contrario, retórica y promesas serán la base de la Alianza
"Inteligente" que, de antemano, renacerá como la "Alianza para el
Progreso", marcada con el signo de su propio fracaso. |