Cuba deploró ante el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de
Naciones Unidas la actitud de varios países occidentales,
empecinados en imponer nocivas prácticas para su tribunal inquisidor
contra el Sur.
El delegado cubano Luis Amorós hizo su intervención sobre el tema
cuatro de la 16 sesión del CDH, pero además se vio obligado a usar
el derecho de réplica para responder a posturas injerencistas de la
República Checa, Suecia, Estados Unidos y la Unión Europea.
Amorós señaló que ese grupo, al insistir cínicamente en la
debilidad del Consejo para considerar situaciones de países, lo que
persigue en realidad es el retorno al descrédito que provocó el fin
de la fenecida Comisión de la ONU.
Con su pretensión de que las situaciones de derechos humanos que
debe atender el CDH son sólo las existentes en naciones del Sur,
corroboran sus delirios hegemónicos de trasnochadas exmetrópolis
coloniales y de decadente superpotencia imperialista, apuntó.
Su interés en convertir al Consejo en un nuevo tribunal
inquisidor contra el Sur, busca también extender la impunidad a las
graves violaciones de derechos humanos que comenten al amparo de su
poderío internacional, añadió.
El diplomático recalcó que no se han escuchado frases de
arrepentimiento o autocríticas por las ejecuciones extrajudiciales
con empleo de alta tecnología, como municiones inteligentes y
aviones no tripulados.
Asumen que son legales dichas acciones de Estados Unidos, Israel
y otros en la OTAN, aún cuando provocan sobre todo la muerte de
niños y mujeres inocentes, sentenció.
Al abundar sobre el asunto, Amorós indicó que en el bloque del
Norte se hacen alusiones a las cárceles ilegales secretas aceptadas
en territorios europeos, ni a su facilitación del tránsito a vuelos
secretos con personas secuestradas.
Tampoco, de su participación en actos de tortura, ni condenas a
las brutalidades e ignominias cometidas por Estados Unidos en Abu
Ghraib, Bagram o Guantánamo, agregó.
De otra parte, el representante cubano descalificó intervenciones
de Chequia, Suecia, Estados Unidos y la Unión Europea, a los cuales
señaló que no tienen autoridad moral para juzgar a país alguno en el
tema de los derechos humanos.