Cuando
hablamos de los Mangos de Baraguá, paraje campestre del Oriente
cubano, no podemos evitar que la imaginación incursione en ese lugar
tan lleno de historia y leyendas. Podemos así retener el tiempo para
darnos cuenta que estamos precisamente en un punto de la geografía
cubana donde el pasado se funde con el presente.
Es en ese instante en que recordamos aquella epopeya de
intransigencia y rebeldía inclaudicable del 15 de marzo de 1878,
donde una voz firme rasga el aire para demandar:
—"Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él".
Es la voz del general Antonio que interrumpe al jefe español
cuando este pide a uno de sus ayudantes el texto del Pacto del
Zanjón.
—"Es decir ¿qué no nos entendemos?", responde Martínez Campos.
—"No nos entendemos", advierte Maceo.
—"Entonces ¿volverán a romperse las hostilidades?", inquiere
Martínez Campos.
—"¡Volverán a romperse las hostilidades!", reafirma el Titán de
Bronce.
José Martí reconoció el valor y la significación de aquel gesto
heroico al escribir: "Precisamente tengo ahora ante los ojos ‘La
Protesta de Baraguá’ que es de lo más glorioso de nuestra historia".