Datos del Ministerio de la Construción apuntan que actualmente
solo el 13, 2 % de los trabajadores de ese sector son mujeres, lo
que demuestra la poca presencia femenina. Una situación que no
describe los esfuerzos del país por garantizar la participación
femenina en toda la vida económica, política, cultural y social, así
como el ejercicio pleno de sus derechos.
Deshaciendo
criterios conservadores, Silvia Berenice Guerrero, de 53 años de
edad y con casi 20 a pie de obra, afirmó que en Cuba la mujer puede
trabajar en cualquier sector y tener éxito, y su presencia en la
construcción también se traduce en aporte a la calidad.
En sus declaraciones se infiere que, aunque la dirección del país
ha desarrollado una estrategia para cubrir las necesidades de las
mujeres, estas se deben ganar el respeto de la familia y los
compañeros con su dedicación y esfuerzo.
"Yo tengo dos hijas y llevo 33 años de trabajo, de ellos 18 como
técnica en construcción civil en EMPRESTUR —una entidad que se
dedica a la reparación y mantenimiento de obras turísticas— y sé que
la tarea no es fácil pues somos madres, amas de casa y
profesionales, pero la diferencia la hacemos nosotras mismas."
Actualmente supervisa las labores de remodelación de la fachada y
otras locaciones del emblemático hotel Riviera, en La Habana. Allí
tiene, por el momento, cerca de 20 obreros a su cargo, con quienes
mantiene un trato diario sobre la base del respeto, la exigencia y
la consideración, aunque generalmente siempre ponen a prueba sus
conocimientos, lo cual soluciona con su superación personal y
aprendiendo de las experiencias de los operarios con cada material y
cada procedimiento.
Es una rueda constante de aprendizaje, apunta Silvia, quien
además atiende todo el sistema de gestión de la calidad y el fórum
de ciencia y técnica.
Los azares de la vida torcieron su rumbo inicial. Tras cinco años
de impartir clases como profesora de Español-Literatura en una
secundaria básica, Silvia fue enviada a ofrecer sus conocimientos en
una escuela para la formación de técnicos de nivel medio y... allí
cambió todo.
"Me sorprendió que los jóvenes no conocieran la actividad;
entonces me motivé a estudiar y trabajar directamente en la
construcción para poder aportar al resto del colectivo y, sobre
todo, para ayudar a los principiantes que se incorporan a nuestras
entidades constructoras", recordó Silvia.
A su entender, el salto no fue violento porque se dio cuenta de
que nunca dejaría de ser maestra. "Yo soy hija de pedagogos y creo
que eso me impulsa a enseñarle al técnico que comienza lo que no
adquiere en la escuela". Y con esa intención continúa superándose,
ahora con una nueva meta: alcanzar la Licenciatura en Construcción
Civil.
Ya no tengo remedio, afirma entre risas. "Son indisolubles los
lazos que me unen con esta profesión, que considero bella, en la que
todos los días creo, transformo y construyo".