De
regreso a La Habana, Teatro Rumbo de Pinar del Río, dirigido por
Jorge Lugo, se presenta todos los martes, miércoles y jueves de este
mes, a las 6:00 p.m, en la Sala Adolfo Llauradó, del Vedado. La
temporada abrió con la reposición, durante tres días, del monólogo
Lienzo de mujer que espera y continúa a partir de esta semana
con la obra Chamaco, del dramaturgo Abel González Melo.
Lienzo
de mujer... , puesta en escena de Andrés Piñero y Jorge Lugo, es
la historia de Esperanza Águila (Perancita), mujer entrada en años
que habla de su soledad, su lucha por sobrevivir, sus frustraciones
y miedos. Enmarcado en los años del período especial, el monólogo
aborda varias circunstancias de vidas o calamidades para nada ajenas
al público —en su momento— que van de lo folclórico a lo cotidiano,
de lo sublime a lo ridículo, de la burla al llanto, de la desgracia
a la risa.
La obra es un grito de dolor, de denuncia y, sobre todo, de
testimonio de aquellos años aún presentes en la memoria popular. Un
juego realista, a veces demasiado crudo, otras un tanto soez, pero
definitivamente afligido en la voz de un personaje femenino que
puede ser cualquier mujer cubana, según la circunstancia, o
universal, según el tema que trata. Aferrada a sus recuerdos,
Perancita, una señora nerviosa y simpática —como ella misma se
define— va develando sus problemas domésticos y el mundo que, en
aparente camino al derrumbe, continúa su cauce sin más aspiraciones
que las de lograr sobrevivir el día a día.
La puesta, de cautivante pobreza escénica, recrea espacios de una
casa humilde. Un radio sobre la mesa de una única silla y un pequeño
altar religioso son los objetos que rellenan la atmósfera intimista,
opresiva, dulce y vehemente de esta historia triste, pero tan
convincente y divertida a la misma vez. Sí, divertida, porque es
este uno de esos unipersonales que sostienen su mayor mérito en la
interpretación y es Perancita uno de esos personajes que,
típicamente cubanos, se ríen de sus desgracias.
La actuación de Jorge Lugo, dramaturgo y actor de Lienzo...
, con una amplia variedad de matices, sabiamente dosificados,
logra transmitir todas las emociones, insatisfacciones, alegrías,
miserias y esperanzas del personaje que espera por costumbre, pero
sabe que nada va a llegar. Siempre in crescendo, Lugo logra
mantener un ritmo dramático intenso que desde el primer parlamento
crea empatía y atrapa la atención del espectador que disfruta, se
ríe, se relaja y se va de la sala con la agradable sensación de
haber presenciado una buena obra de teatro.