Un incremento de 229 fallecidos por accidentes en general se
produjo en el 2009 (4 785) con relación al 2008 (4 556), según las
más recientes estadísticas publicadas por el Ministerio de Salud
Pública, lo que eleva la tasa a 42,6 por 100 000 habitantes, y
sitúan estos "acontecimientos fortuitos" como la quinta causa de
muerte en Cuba, incluidas todas las edades.
Esta "cadena de eventos y circunstancias que llevan a la
ocurrencia de una lesión no intencional", como los califica la
Organización Mundial de la Salud, por la mortalidad que ocasionan
solo están precedidos en nuestro país por las enfermedades del
corazón, los tumores malignos, las afecciones cerebrovasculares y la
influenza y neumonía.
Es por ello que se consideran un problema creciente en términos
de años de vida potencialmente perdidos, al afectar en mayor
proporción a la población más joven.
Una especialista en Pediatría de la Dirección Nacional
Materno-Infantil del Ministerio de Salud Pública, la doctora
Milagros Santacruz Domínguez, calificó los accidentes como "una
emergencia de salud y social", debido a la alta mortalidad,
morbilidad (frecuencia) y discapacidades que producen y, también,
por el elevado costo económico y social que representan directa o
indirectamente.
Puso de relieve que los accidentes ocupan la novena causa de
muerte en los primeros 12 meses de vida de nuestros niños y la
primera en la etapa que transita desde un año de edad hasta los
menores de 20.
En cuanto a los motivos de muerte por accidentes de uno a 19 años
se sitúan, en este orden, los del tránsito; por ahogamiento en
piscinas, playas y embalses, que muestra una tendencia al incremento
en los últimos cinco años, y la electrocución.
En conversaciones sostenidas con numerosos padres por los
investigadores de una reciente Encuesta Nacional de Accidentes en
menores de 20 años en Cuba, se puso de manifiesto que "no estaban
conscientes de lo mortalmente rápidos que pueden ser los accidentes
en los niños, sobre todo en el agua".
Un experto en el tema ya fallecido, el profesor Francisco Valdés
Lazo, gustaba subrayar que para evitar accidentes en los menores se
requiere tener en cuenta tres factores fundamentales: previsión,
para pensar y hacerse sensible a los posibles peligros que acechan a
los niños; tiempo para vigilarlos; y disciplina,
porque niños y adolescentes deben aprender hasta dónde pueden
llegar.
En esta llamada "guerra silenciosa" es esencial que nuestras
familias ganen en percepción de la magnitud y consecuencias que,
fundamentalmente en el orden humano, acarrean los accidentes.