Pinar del Río

Por qué botar lo que se cosecha

RONALD SUÁREZ RIVAS

Un proyecto destinado a potenciar la conservación de alimentos se extiende por los territorios vueltabajeros.

Sin embargo, la agradecida presencia de encurtidos, especias, viandas deshidratadas o harina con la que se pueden preparar los más variados dulces, en un entorno donde antes solo había tradición de preservar la pulpa de tomate y de algunas frutas, sugiere que no será preciso el impacto de un ciclón para potenciarla.

Foto del autor La deshidratación al sol de viandas y condimentos permite disponer de ellos durante todo el año.

También para tiempos normales

Aunque la experiencia surgió pensando en situaciones de emergencia, la práctica ha demostrado que también en tiempos normales resulta muy efectiva para asimilar los excedentes y los residuos de cosecha.

Jesús Germán Suárez, director de la Empresa Agroindustrial Cubaquivir, de Pinar del Río, destaca que los 12 centros de conservación instalados en su entidad durante el último año, han permitido crear un amplio surtido a partir de producciones que hasta ese momento se desechaban.

Foto del autor Con la harina de yuca hemos preparado diferentes tipos de dulces como esta panetela, asegura María Bárbara.

"Anteriormente botábamos todo el tomate y el pepino defectuoso que recolectábamos en las casas de cultivo. Algo parecido sucedía en los organopónicos y el cultivo semiprotegido, donde en determinados momentos se obtenían volúmenes de hortalizas y vegetales que la población no alcanzaba a asimilar. Hoy todo se encurte."

Las cifras son elocuentes. Solo en la UBPC 28 de Octubre, de Los Palacios, en el pequeño centro de conservación atendido por cuatro mujeres, se prevé la elaboración durante el 2011 de unas 33 toneladas de alimentos altamente demandados, con un plan de ingresos de 97 000 pesos.

"El destino: nuestros puntos de venta", explica René Hidalgo, el administrador.

Impulsada por varios organismos vinculados al Ministerio de la Agricultura, la iniciativa apuesta por el rescate de métodos tradicionales y sencillos como la deshidratación al sol, que data de antaño, pero la mayoría de la población desconoce.

A través de ellos se obtienen harina de yuca, de boniato, de plátano, de coco, vinagre de espinaca, de remolacha o de polvo de arroz, condimentos secos, pulpas, encurtidos... en total, unos 60 surtidos diferentes que pueden ser preservados durante largos periodos.

Recetas de cocina

Las aplicaciones también son diversas, asegura María Bárbara Camacho, profesora de química vinculada al proyecto, con una amplia experiencia en la cocina.

"La harina de plátano sirve para espesar los caldos y la de yuca la hemos usado para hacer panetela, masa real, rosquitas, buñuelos, arepas, e incluso pizzas."

Con ella, se evita tener que añadir bicarbonato en el caso de los dulces, o levadura en las pizzas, explica.

Enfrascado en el encurtido de una parte de la cosecha de cebolla, Mario Luis Ramírez, de la CCS Carlos Manuel de Céspedes, en Consolación del Sur, considera que dentro de algunos meses, esta producción tendrá mayor demanda que la que hoy comercializa por mazos en el punto de venta de la cooperativa.

El hecho de disponer todo el año de alimentos que solo se dan en determinada época, constituye otra de las ventajas de la conservación.

Ello motiva a extender la experiencia a lo largo de un territorio urgido de incrementar las acciones para la conservación de alimentos, donde a pesar del asedio constante de los huracanes, la actividad ha sido hasta ahora limitada.

 

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