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Las autoridades neozelandesas anunciaron la cifra de 160 muertos a
consecuencias del devastador sismo del 22 de febrero último, pero se
muestran pesimistas de hallar sobrevivientes. Dave Cliff, jefe
policial de Christchurch, la ciudad más dañada, dijo que había muy
pocas esperanzas de encontrar a alguien con vida entre los escombros
del centro de la urbe, la segunda del país con casi 400 mil
habitantes.
A más de una semana del catastrófico terremoto de 6,3 grados en
la Escala de Richter, la labor de brigadas de rescatistas nacionales
y de Estados Unidos, China y Estados Unidos no han encontrado un
solo sobreviviente.
Según los expertos, un número indeterminado de desaparecidos,
calculados inicialmente en más de 200, siguen atrapados entre los
edificios destruidos sin que se reporten señales de vida.
La mayoría de los desaparecidos están presuntamente entre las
ruinas del edificio de la televisión, donde también se ubicaba una
escuela de idiomas con más de medio centenar de extranjeros.
El primer ministro, John Key, anunció además de un plan de ayuda
a los damnificados, la creación de una comisión para investigar el
por qué de tanta destrucción entre las edificaciones.
Key aludió al hecho de que a pesar de ser una zona de alto riesgo
sísmico las construcciones en su mayoría no resistieron el embate
del temblor, ocurrido a unos 10 kilómetros de profundidad y cerca de
cinco kilómetros de Christchurch.
"Tenemos que dar una respuesta al pueblo y aprender lecciones de
esta experiencia," afirmó.
Nueva Zelanda se ubica en el llamado Cinturón de Fuego del
Pacífico, donde ocurren como promedio anual 14 mil sismos de los
cuales entre 100 y 150 son perceptibles por encima de los 4,5 grados
en la Escala de Richter.
Los estimados preliminares de pérdidas llegan a los 15 mil
millones de dólares, algo sin precedentes en la historia de Nueva
Zelanda.