Señor Presidente:
La conciencia humana rechaza la muerte de personas inocentes en
cualquier circunstancia y lugar. Cuba comparte plenamente la
preocupación mundial por las pérdidas de vidas de civiles en Libia y
desea que su pueblo alcance una solución pacífica y soberana a la
guerra civil que allí ocurre, sin ninguna injerencia extranjera, y
que garantice la integridad de esa nación.
Con toda seguridad, el pueblo libio se opone a toda intervención
militar extranjera, que alejaría aún más un arreglo y provocaría
miles de muertes, de desplazados y enormes daños a la población.
Cuba rechaza categóricamente cualquier tentativa de aprovechar la
trágica situación creada para ocupar ese país y controlar su
petróleo.
Resulta notorio que es la voracidad por los hidrocarburos, y no
la paz ni la protección de las vidas de los libios, la motivación
que anima a las fuerzas políticas, fundamentalmente conservadoras,
que llaman hoy, en los Estados Unidos y en algunos países de Europa,
a una intervención militar de la OTAN en territorio libio. Tampoco
parecen ser la objetividad, la exactitud y el apego a la verdad, lo
que predomina en una parte de la prensa, utilizada por emporios
mediáticos, para atizar el fuego.
Ante la magnitud de lo que en Libia y en el mundo árabe ocurre y
en circunstancias de una crisis económica global, debería prevalecer
la responsabilidad y la visión de largo plazo de los gobiernos de
los países desarrollados. Aunque pueda engañarse a la buena voluntad
de una parte de la opinión pública, es evidente que una intervención
militar llevará a una guerra y acarreará graves consecuencias para
las vidas de las personas y especialmente de los miles de millones
de pobres que son las cuatro quintas partes de la Humanidad.
Pese a que falten algunos datos y hechos por conocerse, la
realidad es que el origen de la situación en el Medio Oriente y el
Norte de África está en la crisis de la política de saqueo impuesta
por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en esa región. Los
precios de los alimentos se triplican, el agua escasea, crecen los
desiertos, aumenta la pobreza y, con ella, una ofensiva desigualdad
social y exclusión en la distribución de la opulenta riqueza
petrolera de la región.
El derecho humano fundamental es el derecho a la vida que no
merecería vivirse sin dignidad humana.
Concita seria preocupación la manera en que se conculca el
derecho a la vida. Según fuentes diversas, han perecido en
conflictos armados en guerras modernas algo más de 111 millones de
personas. No podría olvidarse en esta sala que si en la Primera
Guerra Mundial las muertes de civiles sólo fueron el 5% del total de
bajas, en las guerras de conquista posteriores a 1990,
fundamentalmente en Iraq con más de un millón y Afganistán con más
de 70 mil, los muertos inocentes son el 90%. La proporción de niños
en estos datos es horrible e inédita.
Ha sido aceptada en la doctrina militar de la OTAN y de naciones
muy poderosas el concepto de "daños colaterales" lo que ofende la
naturaleza humana. En la última década, el Derecho Internacional
Humanitario ha sido pisoteado, como ocurre en la Base Naval
norteamericana de Guantánamo, que usurpa territorio a Cuba.
Las cifras globales de refugiados, como consecuencia de esas
guerras, se han incrementado en un 34%, a más de 26 millones de
personas.
Los gastos militares aumentaron un 49% en la década y llegan a
1,5 millones de millones de dólares, más de la mitad solamente en
Estados Unidos. El complejo militar-industrial sigue produciendo
guerras.
Cada año mueren como víctimas de hechos violentos asociados al
crimen organizado, y no sólo a conflictos, 740 mil seres humanos.
En un país europeo, muere cada cinco días una mujer a causa de la
violencia doméstica. En los países del sur, fallecen anualmente en
el parto medio millón de madres.
Cada día, mueren de hambre y enfermedades prevenibles 29 mil
niños. En los minutos que llevo de discurso, han muerto no menos de
120 niños. En su primer mes de vida, perecen 4 millones. En total,
mueren anualmente 11 millones de niños.
Por causas relacionadas con la desnutrición, hay 100 mil
fallecimientos diarios que suman 35 millones al año.
Sólo en el huracán Katrina, en el país más desarrollado del
mundo, murieron 1 836 personas, casi todas negras y de pocos
recursos. En los últimos dos años, 470 mil personas murieron en el
mundo, a causa de desastres naturales, el 97% de ellas de bajos
ingresos.
Sólo en el terremoto de enero de 2010, en Haití, murieron más de
250 mil personas, casi todas residentes en viviendas muy pobres. Lo
mismo ocurrió con las casas arrasadas por las lluvias excesivas en
Río de Janeiro y Sao Paulo, en Brasil.
Si los países en desarrollo tuvieran tasas de mortalidad infantil
y materna como las cubanas, se salvarían anualmente 8,4 millones de
niños y 500 mil madres. En la epidemia de cólera en la hermana
Haití, médicos cubanos atienden casi la mitad de los enfermos, con
una tasa de letalidad inferior en cinco veces a las atendidas por
galenos de otros países. La cooperación médica internacional cubana
ha permitido salvar más de 4,4 millones de vidas en decenas de
países de 4 continentes.
La dignidad humana es un derecho humano. Hoy viven 1 400 millones
de personas en pobreza extrema. Hay mil veinte millones de
hambrientos, otros 2 mil millones padecen desnutrición. Existen 759
millones de adultos analfabetos.
Señor Presidente:
El Consejo ha demostrado su capacidad para abordar las
situaciones de derechos humanos en el mundo, incluyendo aquellas de
carácter urgente que requieren la atención y acción de la comunidad
internacional. Se ha confirmado la utilidad del Examen Periódico
Universal, como sustento de la cooperación internacional, para
evaluar el desempeño en la materia de todos los países, sin
distinción.
Preservar, perfeccionar y fortalecer este Consejo en su función
de promover y proteger efectivamente todos los derechos humanos para
todos, fue el espíritu que animó nuestra actuación en el proceso de
revisión del órgano.
Los resultados de este ejercicio expresan un reconocimiento a los
importantes logros del Consejo en su corta existencia. Si bien los
acuerdos alcanzados resultan insuficientes a la luz de los reclamos
de los países en desarrollo, se preservó al órgano de aquellos que
pretendían reformarlo a su conveniencia para satisfacer apetitos
hegemónicos y resucitar el pasado de confrontación, dobles raseros,
selectividades e imposición.
Los debates de estos días harían esperar que este Consejo de
Derechos Humanos continúe construyendo y avanzando su
institucionalidad hacia el pleno ejercicio de su mandato.
Sería muy negativo que, con el pretexto de la revisión de la
construcción institucional del Consejo y el abuso de la dramática
coyuntura que se discute, se manipule y se presione de manera
oportunista para establecer precedentes y modificar acuerdos.
Si el derecho humano esencial es el derecho a la vida, ¿estará
listo el Consejo para suspender la membresía de los Estados que
desaten una guerra?
¿Se propone el Consejo dar alguna contribución sustancial para
eliminar la principal amenaza a la vida de la especie humana que es
la existencia de enormes arsenales de armas nucleares, cuya ínfima
parte, la explosión de 100 ojivas, provocaría el invierno nuclear,
según evidencia científica irrefutable?
¿Establecerá un procedimiento temático sobre el impacto del
cambio climático en el ejercicio de los derechos humanos y
proclamará el derecho a un ambiente sano?
¿Suspenderá a los Estados que financien y suministren ayuda
militar empleada por el Estado receptor en violaciones masivas,
flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos y en ataques
contra la población civil, como las que ocurren en Palestina?
¿Aplicará esa medida contra países poderosos que realicen
ejecuciones extrajudiciales en territorio de otros Estados con
empleo de alta tecnología, como municiones inteligentes y aviones no
tripulados?
¿Qué ocurrirá con Estados que acepten en sus territorios cárceles
ilegales secretas, faciliten el tránsito de vuelos secretos con
personas secuestradas o participen de actos de tortura?
¿Podrá el Consejo adoptar una Declaración sobre el derecho de los
pueblos a la paz?
¿Adoptará un Programa de Acción, que incluya compromisos
concretos para garantizar el derecho a la alimentación en momentos
de crisis alimentaria, espiral de precios de los alimentos y
utilización de cereales para producir biocombustibles?
Señor Presidente:
Distinguidos Ministros y Delegados:
¿Qué medidas adoptará este Consejo contra un Estado miembro que
cometa actos que causen grandes sufrimientos y atenten gravemente
contra la integridad física o mental, como el bloqueo a Cuba,
tipificado como genocidio en el artículo 2, incisos b y c, de la
Convención de Ginebra de 1948?
Muchas gracias