La banda Moncada debutó en la Casa del ALBA durante el espacio
Canto de Todos liderado por el trovador Vicente Feliú. En el
concierto, el guitarrista de la legendaria agrupación, Miguel Comas,
salió al escenario enfundado en un pulóver con la frase Music is
my weapon (La música es mi arma) que resumió perfectamente el
simbolismo de esta presentación en la que los presupuestos musicales
estuvieron tan claros como los ideológicos.
No es casual que la historia de Moncada esté íntimamente ligada a
la Universidad de La Habana. Y es que la banda, comandada por Jorge
Gómez, dio testimonio desde su propia mirada de una época y de una
generación al recoger en canciones el espíritu que reinaba por los
años 70 en el recinto universitario. Canciones que se hicieron
grandes sobre todo durante sus históricos conciertos en la
Escalinata. Así, pues, llegaron temas como Hoy es siempre todavía,
Arriba las manos, o Corazón, corazón. Con casi cuatro
décadas sobre las espaldas, la banda mostró que ha incorporado
distintas células rítmicas que dan cuenta de su evolución sonora,
pero sin echar a un lado el sello que identificó magistralmente su
impacto en la música cubana.
Hicieron espacio también para desandar, como si fueran propios,
los caminos de autores cubanos y latinoamericanos que ocupan un
sitio de honor en su repertorio. De tal modo, que alcanzaron una de
las cumbres del espectáculo cuando interpretaron los temas Tania,
(dedicado a Tania, la guerrillera), del argentino Alberto Caleris, y
el clásico Hasta Siempre, Comandante de Carlos Puebla.
Los trovadores Mauricio Figueiral y Alejandro González tuvieron a
su cargo la otra parte del concierto. Con Mauricio se comprobó
además aquella máxima de que "mundo hace mundo". Ciertamente, su
labor creativa en tierras venezolanas le permitió, entre otras
cosas, darle mayor lustre a su proyección escénica y desarrollar su
instinto musical, una cualidad que se palpa en su obra tanto a nivel
melódico como en el orden textual.
Alejandro González tiene un modo muy personal de relatar la vida
cotidiana. Su repertorio exhibe una envoltura poética de envergadura
que deja traslucir un mundo espiritual muy vasto y da dimensión a
los deseos más íntimos y a las grandes pasiones. De sus canciones
más conocidas interpretó, entre otras, Sophia, un texto que
lo ha dado a conocer en mayor grado en la escena cubana. Aunque, a
decir verdad, su poca difusión ha jugado en contra de que el grueso
del público lo identifique más allá de las fronteras de los círculos
troveros. Algo que se debería enmendar para fortuna de todos los que
entienden la canción de autor desde la belleza, la libertad
artística y la calidad, por supuesto.