Wall Street II, el dinero nunca duerme

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Gordon Gekko vuelve a las andanzas en una película atractiva en no pocos aspectos, aunque sin la frescura y la garra apasionante que convirtió a la primera Wall Street, de Oliver Stone, en uno de los títulos más trascendentes de la década de los ochenta y con un Michael Douglas impregnándole colorido a un personaje para la memoria.

Aunque la historia de ahora se asoma a ese pasaje reciente y todavía actuante que comenzó con una crisis inmobiliaria, y luego extendió sus tentáculos para llevar a la más absoluta pobreza a millones de personas en el mundo ––sin contar los suicidios que ocasionó––, lo cierto es que vista con ambiciones críticas, Wall Street II, el dinero nunca duerme perdió la ocasión de convertirse en la película contundente que pudo haber sido acerca de la hecatombe financiera del año 2008.

Wall Street II (2010) asoma la cabeza al tema, muestra a los grandes banqueros de ahora y su total desprecio por la sociedad de ciudadanos corrientes que corre más allá de los salones donde ellos cocinan sus grandes ganancias; esboza el mismo esquema dramático de traición, venganza y hundimiento de la primera entrega, pero a la hora de los mameyes da un giro desconcertante y, en lugar de ir más allá, se concentra en los dramas y reconciliaciones de Gekko con una hija que, abochornada, le viró la espalda durante los años que él estuvo en prisión.

Demasiado tiempo entonces el que le dedica Oliver Stone a este padre conciliador y a la redención de un personaje, Gekko, que a la larga siempre ha resultado simpático (a un sector de la crítica norteamericana no se le ha escapado que el ambicioso y mañoso Gekko, al paso de los años, se había convertido en su país no en un personaje criticado, sino más bien aplaudido y hasta copiado por una nueva generación de jóvenes vinculados al mundo de las finanzas irresponsables).

Cinematográficamente hablando, este Wall Street II permite apreciar que el mundo creativo de Oliver Stone sigue perteneciendo a los años 80 y 90: pantallas partidas, "cámaras rápidas", fundidos sobrepuestos y otros efectos que ya fueron, subrayan el estilo. La primera parte de la historia, la de los banqueros y las sorpresas con que se encuentran al saber que los números se les viran en su contra, está entre lo mejor. Pero es innegable que aquellos espectadores que hayan estado al tanto de la historia económica de Estados Unidos y las repercusiones mundiales de la crisis más reciente, disfrutarán mucho más lo que están viendo, porque aunque la película es bastante clara, da por hecho un cierto conocimiento del asunto por parte del público, lo que viene a recordarnos la importancia de estar bien informados.

Es verdad que no es el gran filme que pudo haber sido tras la huella de su antecesora, y que el melodrama blando, azucarado, al que se le dedica tanto tiempo, desconcierta en manos de un artista como Oliver Stone. Pero por lo que plantea, este Wall Stret II es superior a otras que salen de la factoría norteamericana apenas rozando "el asunto" o, peor aún, tratando de hacer creer que dicen algo.

 

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