Oriundo de Matanzas, vino a La Habana con su familia en marzo de
1938. Vivió mucho tiempo en Guanabacoa y actualmente reside en el
Vedado capitalino; sin embargo, confiesa sentirse profundamente
matancero.
Desde niño tenía una pronunciada inclinación por el Derecho. Le
gustaba discursear, confrontar, era algo que coincidía de manera
espontánea con su personalidad, aun cuando en la tradición familiar
nadie ejercía la profesión.
Luego de graduarse en 1956, en la Universidad de La Habana, gana
una plaza de abogado de oficio y comienza a trabajar en la audiencia
de la capital. A partir de ese momento encauzó su vida a las leyes.
Después del triunfo revolucionario laboró en el Ministerio de
Justicia, donde fue asesor de varios ministros. Además, ha ejercido
como Profesor Titular y jefe de la Disciplina de Ciencias Penales y
Criminológicas de la Facultad de Derecho de la casa de altos
estudios.
Su prestigio como académico ha propiciado el reconocimiento de su
obra dentro y fuera de Cuba. Es Miembro de Honor de la Sociedad
Cubana de Ciencias Penales y de la Unión Nacional de Juristas de
Cuba. Actualmente es Vice-presidente del Tribunal Nacional de Grado
Científico para las Ciencias Jurídicas.
Múltiples son sus aportes en el campo del Derecho, recogidos en
el Código Penal Cubano vigente, tanto las referidas al delito como a
las penas. Autor de más de 30 libros, artículos, monografías y
textos básicos de la asignatura, así como del Manual de Derecho
Penal —en cuatro tomos—, que para él "constituye su obra cumbre".
A pesar de sus 77 años, Quirós aún se encuentra gestando nuevos
proyectos. Trabaja para establecer las relaciones entre las ramas
del Derecho Civil y Penal, para lo cual utiliza uno de los delitos
recogidos en el Código Penal: la falsificación de documento.
Quirós siente pasión por el Derecho Penal y se declara su eterno
deudor. "A él le debo todo lo que soy. El Derecho Penal tiene una
individualidad propia para transitar sin Renén, pero yo nunca
hubiera podido hacerlo sin él".
Desde su punto de vista esta rama del Derecho no es represiva,
sino portadora de valores sociales positivos. Y por ello no deja de
exhortar a los jóvenes juristas a inclinarse por ella, a ejercerla
sin temor y mantener dos cualidades que considera imprescindibles en
un profesional: honradez y ética profundas.
Su incesante ímpetu por construir una mejor sociedad cubana,
demuestra que recibir el Premio Nacional de Derecho, constituye un
alto reconocimiento a su extensa obra profesional. "La noticia fue
inesperada. Nunca me creí merecedor de tan alto estímulo", nos dice,
todavía conmovido.
En ese instante descubrimos en sus ojos el velo transparente del
amor, al tiempo que responde: "El premio se lo dedico a Teresa, mi
esposa. Ella ha sabido ‘batallar’ y apoyarme en cada paso de la
profesión".
Para este Doctor en Ciencias Jurídicas, que se define como un
autocrítico feroz, la clave de todo éxito está en la condición del
ser humano de trabajar deliberadamente, sin fronteras y con sentido
de sacrificio.
Varias generaciones de juristas se han formado bajo sus
enseñanzas durante más de medio siglo. Por esto se siente satisfecho
al entrar en "contradicción" con ellos; o cuando con un simple
saludo lo llaman profe. "Veo en mis alumnos un contingente
renovador, capaz de continuar lo que yo empecé", asegura antes de
finalizar la conversación.