Aplaudido como el más joven de los Hombres Habanos, Héctor Luis
Prieto asegura que el tabaco hermana a los humanos entre sembrados o
alrededor de una mesa cuando saborean los puros cubanos.
Lo principal en este oficio es la constancia, el amor por lo que
haces y el deseo de lograr abundantes cosechas con una óptima
calidad, asevera, reporta Prensa Latina.
Seguidor de una tradición familiar, el campesino de 39 años,
siembra tabaco de sol y tapado, modalidad en la que obtiene durante
cada campaña más de un 40 por ciento de capas para el torcido de
exportación.
En la antigua vega Quemado de Rubí, perteneciente al municipio de
San Juan y Martínez, crece la solanácea desde siglos pasados.
Fue mi abuelo quien me enseñó el cultivo de la planta, explica,
desde entonces disfruto cada jornada, me relaja caminar por los
surcos al amanecer o al final del día.
Según su experiencia para lograr los resultados esperados es
esencial la preparación de los suelos y la entrega a cada faena.
Observar siempre las fases de la luna es otro de los secretos del
labriego, que considera al cuerpo celeste como una suerte de brújula
para estas labores.
Sembrar tabaco es lo más importante, después de mi familia, ellos
me ayudan también en el laboreo, principalmente mi hijo en quien
confío para preservar el legado de nuestros antepasados, comentó.
Premiado con el título de Hombre Habano en 2008, con apenas 35
años de edad, Prieto confiesa que lejos de cualquier vanidad, esa
condición lo obliga a seguir cultivando hojas de excelencia para la
industria del torcido de exportación.
Hace más de un año, la finca acoge a niños de la localidad,
quienes reciben clases de agronomía, de artes plásticas y canto.
Pienso que es una experiencia hermosa, quería hacer un regalo a
mi comunidad, aquí se reúnen los pequeños y aprenden no sólo de la
cosecha sino también a dibujar e interpretar melodías, todas de raíz
campesina que es nuestra verdadera identidad, enfatizó Prieto.
El proyecto encantos de mi conuco (palabra indígena que significa
pequeña parcela de tierra) reúne a decenas de estudiantes alrededor
de las plantaciones, situadas 160 kilómetros al oeste de La Habana.
No tiene nada de extraño la idea, el tabaco también es cultura,
sentenció.