Lo que ocurre en el estado de Wisconsin (Medio Oeste) es
catalogado este viernes como el resultado de una componenda de la
derecha estadounidense con el fin de descabezar a los sindicatos de
trabajadores públicos.
Durante más de una semana cerca de 100 mil personas mantienen su
rechazo a los planes del gobernador Scott Walter y el congreso
estatal, controlado por los republicanos, reporta Prensa Latina.
Es la reacción a algo controversial: Scott promueve una
iniciativa de ley que limitará el poder de los sindicatos del sector
público a discutir sólo salarios, dejando afuera beneficios y
condiciones de trabajo.
Asimismo fijará un techo a las mejoras salariales basado en el
índice de inflación y aumenta las contribuciones a los fondos de
pensión y salud.
Pero los planes, que ya reciben el apoyo del movimiento
conservador Tea Party, destaparon airadas reacciones que van camino
a convertirse en una de las protestas sindicales más grandes en
Estados Unidos de las últimas décadas, según comentaristas
políticos.
Algunos como el politólogo Noam Chomsky consideran que lo que
estalló allí tal vez sea el inicio de lo que verdaderamente
necesitan: un levantamiento democrático.
Otros analistas valoran la situación y opinan que en Wisconsin se
juega el futuro del poder sindical y su influencia en la
distribución del ingreso en toda la nación.
Hasta ahora el argumento de Scott de que su plan es necesario
para equilibrar las cuentas del Estado no termina de convencer a sus
críticos, los cuales reiteran que está en marcha un experimento para
destruir a los gremios de trabajadores públicos.
Razón no les falta a estos argumentos. En el Estado existen
mejores índices que otras partes del país. El desempleo es de 7,5
por ciento y el déficit proyectado es de 12,8 por ciento del
presupuesto, ambos por debajo de la media nacional.
Esto da pie a pensar que hay un trasfondo político y no es de
extrañar que más de un centenar de organizaciones cercanas al Tea
Party en todo el país comiencen a movilizarse en favor de la medida
de Scott.
Los sindicatos públicos la mayoría de las veces se inclinan por
la formación demócrata en la disputa de cargos electivos en el país
y su aporte económico a las campañas políticas es significativo,
algo que preocupa a los republicanos y afecta sus planes de retomar
la Casa Blanca y la mayoría en ambas cámaras del Congreso Federal.
Este estado es cuna de uno de los sindicatos más grandes de
funcionarios públicos y enfermeras del país, que aglutina a 170 mil
miembros, según datos oficiales.
Conocido por sus siglas en inglés como AFCSM, el gremio adquirió
en 1959 la capacidad de negociar convenios colectivos de trabajo, lo
que traducido en poder preocupa al gobernador republicano.
El código laboral estadounidense regula las relaciones de
empresas privadas a nivel federal, pero deja el reglamento de los
empleados públicos en cada uno de los Estados en mano de los
gobiernos a esa instancia.
Walter, con la sartén por el mango, quiere forzar a los
sindicatos a celebrar un plebiscito que les legitime anualmente, y
prohibir las deducciones automáticas de las contribuciones
sindicales.
El mismo político admite que pretende limitar el poder de los
sindicatos", y en eso espera poder ser la fuente de inspiración para
muchos otros.
Si esta ley es aprobada en Madison, será replicada en otros
estados donde gobernantes intentan reducir su déficit presupuestales
trasladando los costos a los trabajadores del sector público.
Iniciativas parecidas comenzaron a accionar en Ohio, Indiana y
Tennessee, mientras se extienden por todo el país movimientos de
apoyo a los trabajadores de Wisconsin.
Sin embargo, tal vez el conflicto en ese Estado no aumentará su
magnitud, pues según el diario The Wall Street Journal, republicanos
y demócratas negociaban una propuesta para limitar el proyecto de
ley en disputa contra los empleados públicos, lo que pudiera
favorecer el inicio de negociaciones.
No obstante, la pelea de los sindicatos contra Walker tiene
oportunidad de convertirse en el hito que represente una derrota más
de los sindicatos. Aún perdura el recuerdo de la famosa huelga de
controladores aéreos que Ronald Reagan quebró en 1981.
Posterior a esto, la derrota de huelgas masivas y prolongadas de
los obreros de la carne en Minnesota o de industriales en Illinois,
jalonaron el retroceso del sector asalariado en la vida económica
estadounidense durante las últimas tres décadas.