Un
grupo de excursionistas se encontró con esta imagen cuando paseaba
por la bahía de Mason, en la Isla Sur de Nueva Zelanda: la larga
hilera de 107 ballenas piloto que murieron al quedar varadas en la
arena de una remota playa en Nueva Zelanda.
Cerca de la mitad de las ballenas piloto habían fallecido por
asfixia cuando llegaron los equipos de rescate, que decidieron
sacrificar al resto al percatarse que no podrían salvar a las que
estaban agonizando.
"La eutanasia fue una decisión difícil, pero se hizo pensando en
el bienestar de los animales para evitar que siguieran sufriendo",
declaró Brent Beaven, quien estuvo liderando las operaciones.
Hace un mes, 24 ballenas piloto murieron en la Isla Norte de
Nueva Zelanda y, en diciembre del 2009, más de 120 ejemplares de
esta especie fallecieron.
Los científicos desconocen la razón por la que ocurre este
fenómeno y barajan la posibilidad de que estos animales son atraídos
por los sonares de grandes buques o siguen a un ejemplar guía
desorientado por alguna enfermedad.